martes 7 de julio de 2009

Hugo Izarra: poesía española 003


Revista La Fragua del Herrero,
número 003, año 1.


Hugo Izarra:"La poesía es todo lo que no nos enseñan los libros de texto"
Lya Ayala
GLF
Hugo Izarra es poeta, narrador y periodista, nació en Vigo, España, en 1980. El trabajo literario de Hugo muestra interesantes matices entre la agitada cotidianidad y la necesidad del ser humano por encontrar una identidad en medio del caos mundial. Inquisitivo observador de su entorno, Hugo, vuelve los detalles de la simple vida cotidiana en detalles sobresalientes y brillantes. Una propuesta sumamente interesante que les invitamos a explorar.

El trabajo digno de ser bibliotecario
Kerin Díaz
poeta y bibliotecario
Homenaje a los guardianes de las bibliotecas. Hace algunos años atrás se tenía el concepto del bibliotecario como una persona absorta o alejada del mundo, una señora o un señor con grandes anteojos, además de extremadamente aburrido, estricto, rígido, que daba órdenes y exigía gran disciplina dentro de una biblioteca; hay todavía algunas personas que tienen dicha creencia.


Tras la frondosa barba de Herman Melville
Pablo Gallo
GLF
Pablo Gallo nació en A Coruña en 1975. Estudió en la Escuela de Arte Pablo Picasso de A Coruña y en la de Arte Massana de Barcelona.

Miguel Ángel Polanco: Respiro del color, caminante del tiempo
André Cruchaga
Poeta y maestro salvadoreño
Hace unos días, el pintor Miguel Ángel Polanco ha puesto en mis manos el libro: “Polanco, Volver la vista atrás, 1960-20082”, una retrospectiva de su trabajo pictórico de casi cincuenta años.

El trabajo artístico y su función transformadora de la realidad (II)
Lya Ayala
GLF
¿Debería el artista reflejar en su trabajo una postura política?, el punto importante a destacar es qué relevancia tendría esta postura en la calidad y trascendencia de la obra en la cultura nacional.

Diez años de llamas
Redacción
GLF
El Grupo La Fragua (GLF) celebró su décimo aniversario con un homenaje a Mauricio Vallejo el 3 de julio de 2009, en la Casa de la Cultura del Centro de San Salvador a las 10:00 de la mañana, a la actividad asistió un buen número de interesados en conocer la obra de Vallejo.


lunes 6 de julio de 2009

Hugo Izarra:"La poesía es todo lo que no nos enseñan los libros de texto"

Lya Ayala
GLF

Hugo Izarra es poeta, narrador y periodista, nació en Vigo, España, en 1980. El trabajo literario de Hugo muestra interesantes matices entre la agitada cotidianidad y la necesidad del ser humano por encontrar una identidad en medio del caos mundial. Inquisitivo observador de su entorno, Hugo, vuelve los detalles de la simple vida cotidiana en detalles sobresalientes y brillantes. Una propuesta sumamente interesante que les invitamos a explorar.

—¿Podrías describir cuál fue el momento en que empezaste a escribir? ¿Qué o quién desató ese momento?
—Claro que puedo. Era mucho más joven, vivía en Madrid. Dormía poco por las noches y no porque tuviese una vida social muy agitada. Cayó en mis manos, un poco por azar, «Mortal y rosa», de Francisco Umbral. Me removió por dentro. Me hizo pensar que yo también tenía cosas que decir. Y a raíz de aquel impacto comencé a pergeñar la idea de una novela en primera persona, «Morir en noviembre», que jamás llegué a acabar. Si alguien tiene la culpa de que yo empezase a escribir, debo decir que fue él y no otro.

—¿Qué es poesía para ti?
—Creo haber escrito algún poema sobre eso, si mi pobre memoria no me traiciona. La poesía es todo lo que no nos enseñan los libros de texto. Va más allá de la métrica y de la música. No entiende de esquemas ni de rimas. Y, desde luego, es mucho más que escribir, como piensa la mayoría. La poesía es una actitud vital. Hay poetas que lo son sin saberlo, sin haber escrito un solo verso en toda su vida.

—¿Crees acaso que la poesía se puede encontrar fuera de la literatura?
—Por supuesto, toda la poesía se encuentra fuera de la literatura. Todo, en realidad. La literatura no es más que la herramienta de interpretación de nuestra percepción. Intentamos describir lo que vivimos o lo que nos gustaría haber vivido de la mejor manera que no es dada conocer. Pero todo es vulgar y cotidiano, está en la calle.

—¿Qué harías si no fueras escritor?
—Haría feliz a mucha gente. El mundo no necesita otro escritor mediocre. Ahora bien, no tengo muy claro qué haría. Nunca me ha gustado trabajar, así que supongo que me entregaría a la mendicidad plácidamente.

—¿Cómo describirías tu rutina de trabajo? ¿Hay disciplina?
—Por lo mismo que acabo de explicarte, mi rutina de trabajo es inexistente, cero. Soy el paradigma vivo de la inconstancia, la indisciplina y la indolencia. Me gusta escribir, por eso lo hago. Pero no lo veo como un trabajo. Un trabajo requiere esfuerzo, implica hacer muchas veces cosas que no te gustan, y nada de lo que escribo me supone un sacrificio especial, ni tampoco me siento obligado a hacerlo. Otra cosa es escribir por encargo, que es igual que prostituirse intelectualmente.

—¿Dónde te gusta escribir? ¿Sigues algún ritual especial o lo haces dónde te agarra de urgencia?
—Porque me distraigo con mucha facilidad siempre he preferido para escribir la noche, la soledad y el silencio. Admiro a las personas que son capaces de crear en el metro, en medio del bullicio de una cafetería o en el trabajo, rodeados de gente. Yo no lo consigo. Me distrae el murmullo de la radio, el ruido de unas tijeras cortando papel o el zumbido de un mosquito que aterriza en la pantalla. He llegado a escribir en sitios bastante curiosos, desde la cama de un hospital hasta la ducha. Lo he hecho incluso circulando por la autopista, cuando me asalta la necesidad de salvar uno de esos pocos versos decentes que a veces se me ocurren. Tengo una memoria desastrosa.

—Dinos quiénes han tenido influencia en tu trabajo literario.
—He tenido demasiado tiempo para leer, así que debo reconocer que han sido muchos, pero es verdad que algunas lecturas te marcan más que otras. Recuerdo que empecé idolatrando a Bukowski, desmedidamente, como buen adolescente. Hank me llevó a conocer a John Fante, que es un prodigio universal de la literatura. También me cautiva el estilo aparentemente sencillo pero demoledor de Kurt Vonnegut Jr., y, más recientemente, los de Roberto Bolaño, Chuck Palahniuk o Michel Houllebecq.

—¿Por cuál tipo de literatura se inclinan los españoles, qué les gusta leer?
—No soy muy partidario de generalizar, pero, si nos fiamos de las cifras que manejan las librerías, es bastante evidente que hay muchos españoles que, al igual que muchos italianos, franceses o luxemburgueses, consumen lo que ven en los escaparates. Los respeto, pero procuro pensar poco en ese tipo de lectores. Me seduce más ese porcentaje escaso y necesario que profundiza y escoge sus libros igual que se eligen los buenos vinos, con tiempo y dedicación.

—Danos un panorama de la literatura latinoamericana en España, ¿cómo ve España a los escritores y la literatura de América Latina?
—Es difícil calibrar la opinión de tantas personas sobre una cuestión tan abstracta. No tengo un observatorio, ni he realizado ninguna encuesta, ni me he interesado por saber qué opinan los demás al respecto. Si sirve de algo, creo que el panorama literario latinoamericano es envidiable. Goza de buena salud y de un pasado más que lustroso.



—Cuéntanos tus temas favoritos y por qué escribes acerca de ellos.
—A medida que el volumen de obra ha ido aumentando me he dado cuenta de que tengo una fijación malsana por la muerte y sus consecuencias. No es que me obsesione lo que pueda haber después, sino lo que se deja aquí. Creo que soy demasiado egoísta como para imaginarme esta película sin mí. También el sexo, en muchos momentos, porque me parece la manifestación más cómica del ser humano. Diría que esos dos son los pilares fundamentales de cuanto he escrito hasta la fecha.

—Y encuentro mucho sarcasmo, cierto humor negro y denuncia de la sociedad actual en tus versos, eres de alguna manera un poeta que cuenta cosas de su realidad amargamente.
—Sí. Puede que haya un poco de eso también. Por lo general, no me gusta demasiado la gente. Tampoco me gusta el mundo en el que vivo. Pero no soy un idealista, no voy a hacer nada por que cambie. Decía Tolstoi que todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo. Yo intento ser una persona decente, y creo que con eso estoy haciendo bastante más que la media. Ya lo sé, suena amargado.

—¿Y no reconoces en tu poesía ciertos signos de exteriorismo?
—De exhibicionismo deliberado, sí. Procuro que parezca que muestro más de lo que en realidad estoy mostrando. Hay un componente importante de ficción, de creación, que parte, como es natural, de experiencias personales. Pero me guardo para mí muchísimas cosas. Lo contrario sería igual que confundir el erotismo de la pornografía.

—¿Cuáles son tu libro y tu película favoritos? ¿Por qué?
–Sería imposible contestar a esta pregunta sin cometer trescientas injusticias al mismo tiempo. La elección de un solo favorito es algo que se me resiste sobremanera. Pienso que nuestros gustos evolucionan a la misma velocidad que nosotros. Así que diré dos títulos de forma bastante aleatoria que en absoluto representan ningún primer puesto permanente. Por ejemplo, «La senda del perdedor», de Charles Bukowski, y «This is England», de Shane Meadows. Curiosamente, las dos historias hablan del mismo proceso, de la forja de la identidad moral del ser humano. Es coincidencia.

—Los escritores siempre tenemos un punto de referencia, un autor o artista al que recurrimos con frecuencia, cómo fue el momento cuando encontraste a tu autor.
—Procuro evitar en lo posible recurrir a cualquier suerte de referencia porque soy un lector esponja. Cuando empiezo a leer a un autor, mimetizo su estilo, o mejor dicho, comienzo a imitarlo inconscientemente. Sus giros, la longitud de sus frases, los ambientes. Por eso, a la hora de sumergirme en el proceso creativo prefiero hacerlo sin ramas a las que agarrarme. Acabaría siendo otra rama más.

—Descríbenos un día en tu vida, qué es lo primero que haces al levantarte y lo último al acostarte, aparte de cepillarte los dientes, claro.
—Resumirlo sería algo bastante ridículo. Mis actividades son muy prosaicas. No siento que haga nada distinto al resto. Lo primero que hago al levantarme es maldecir al mundo y al inventor del despertador, me ducho, compruebo que no me dejo las llaves del coche y me voy a trabajar. Antes de dormirme siempre me gusta leer un poco. Con algo de suerte, escribo. Eso me ayuda a sentir que mi día no ha sido una completa pérdida de tiempo.

—Descríbete en un verso.
—En uno, no. En dos, de Roberto Bolaño: «Se escribió a sí mismo como un dardo en la frente del invierno».

Selección de poemas del autor Hugo Izarra.

Leves y etéreos

Vaciamos de colillas los ceniceros,
uno por uno, los despojamos de muerte.
Le digo: creo que estamos fumando demasiado
últimamente.

Tienes razón, me responde
llevándose a la boca otro cigarro.
Estamos fumando demasiado
últimamente.

No hará ni un mes que nuestra madrina
nos dejó para siempre, se convirtió en
polvo gris, igual que el rastro que da
sentido a nuestros ceniceros.

Creímos que su sobrina era buena,
pero corrió a vaciar su casa, vino desde
muy lejos para llevarse su abrigo de visón.

Echó los objetos de valor en una bolsa
y se despidió de su viudo para siempre.
Hizo con sus recuerdos lo que nosotros
hacemos con las colillas.

¿Sabes? —le digo—. Un hombre me ha dicho
hoy en la librería que mis argumentos
poéticos eran leves y etéreos.

Tiene razón, me dice
echándome el humo a la cara.
Tus argumentos lo son.



Baile estático

Como si esto no fuera suficiente,
el hombre sordo, despojado ahora
de su único audífono, se sintió
inevitablemente inundado de silencio,
había perdido la música y las voces,
pero había encontrado algo mejor.
Reconoció el sonido de la muerte
y se sentó, despacio, a disfrutarlo.



Brookdale Park, 1964

Ya lo sé, sí,
pero, entonces,
había tanta niebla
que era hasta difícil
encontrarse la nariz
sin ayuda de las manos.

Y, sin embargo, ellos,
una pareja de osados
amantes irresponsables,
desafiando a la niebla,
ya ves, junto a los árboles.

Ella, no sé, no tendría
más de catorce, pero
tenía una voz de un
hombre de cuarenta,
grave y algo arrogante.

Era ella quien hablaba.
Le decía a él: Tú tienes
dos y yo tengo uno. Tú
tienes dos y todo el mundo
tiene derecho a saberlo.

Aminoré la marcha, pero
sus reproches acababan
allí, en aquel punto.

Y aún sin saber bien de qué hablaba,
le di la razón a aquella chica.
Porque yo intenté algo parecido
alguna vez, protestar
por lo que creía justo,
supongo.



Domine mundi

A qué ese afán de
domesticarlo todo,
de dominar a las especies,
de domar al lobo y al león,
de enderezar al perro,
de aburguesar al gato.

A qué tanto interés
por hacer hablar a las urracas
y saltar a los delfines, por ver
a los osos montar, ridículos,
en monociclo, por amaestrar
al paciente tigre de Bengala.

Qué insólito complejo milenario
empuja al hombre a civilizarlo todo
por la fuerza; a construir zoológicos,
circos, jaulas y mataderos. A demostrar
su dominio apabullante sobre las cosas
de forma tan poco civilizada.



El amor es crueldad accidental

Pido perdón a los mosquitos
que murieron estrellados
contra el cristal de
mi parabrisas,
y a las mujeres que
me amaron, y yo amé,
en mayor o menor medida.




Fotografías: cortesía del autor.


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El trabajo digno de ser bibliotecario

Kerin Díaz

poeta y bibliotecario

Homenaje a los guardianes de las bibliotecas
Hace algunos años atrás se tenía el concepto del bibliotecario como una persona absorta o alejada del mundo, una señora o un señor con grandes anteojos, además de extremadamente aburrido, estricto, rígido, que daba órdenes y exigía gran disciplina dentro de una biblioteca; hay todavía algunas personas que tienen dicha creencia. Es claro que este estereotipo del bibliotecario era fuertemente alimentado por el mundo de la televisión en películas y teleseries animadas. A modo personal, esta visión medieval del bibliotecario ha cambiado mucho, tanto así que se puede tener un nuevo concepto del bibliotecario en una realidad que constantemente exige cambios.


¿Cómo no recordar al gran Jorge de Burgos, el anciano bibliotecario, y además ciego, que osadamente guarda y vigila los libros ‘prohibidos’ de la abadía en “El nombre de la Rosa” de Umberto Eco (en clara alusión al venerable escritor Jorge Luis Borges)? Este era el tipo de bibliotecario, sobretodo en la antigüedad y en la época medieval, un depositario del saber y del conocimiento que custodiaba la información en formato de papiros, códices, pergaminos, papel; todo un guardián de la biblioteca.


En realidad, el bibliotecario es una persona instruida que sabe de libros, los organiza, los administra y orienta a los lectores facilitando materiales bibliográficos, entre otros. Por lo menos, este es el deber ser de todo bibliotecario, alguien que resguarda el conocimiento pero que se instruye para saber guardarlo y facilitarlo de la mejor manera.
Uno de los objetivos principales de todo bibliotecario es servir al lector o usuario; esta debe ser la pasión y espíritu de trabajo.



El bibliotecario de hoy en día es muy distinto de la caricatura que antaño lo representaba como una rata de biblioteca; el bibliotecario es una persona muy sociable que está actualizándose constantemente, tanto en el manejo de los ficheros, catálogos, bases de datos, inventarios, colocando los libros en los anaqueles, especializándose en programas informáticos como en prestar cada vez mas un mejor servicio, oportuno y preciso, a los que acuden a la biblioteca.
Sin embargo, el ejercicio profesional del bibliotecario no se tiene que limitar, o no se debe limitar, a un centro escolar, a una institución de educación superior o a una biblioteca especializada; el quehacer del bibliotecario y una de sus principales tareas es la contribución a la docencia, la investigación y la proyección social. Para ello se necesita que el bibliotecario esté bien informado de lo que acontece en la realidad nacional y global, en el ámbito científico, político, económico, social y cultural. Solo así podrá prestar un buen servicio con objetividad y eficiencia. El saber por el saber no tiene razón de ser si éste (dicho saber) no se colectiviza, no se comparte o no se transmite a los demás. Y resulta ser éste el compromiso ético y moral de todo bibliotecario.


La primavera de mayo trae tantas cosas bonitas y entre ellas florece el merecido homenaje a los guardianes de Sofía, del Alma Máter; me refiero al bibliotecario.


* Bibliotecario Universidad Luterana Salvadoreña y miembro de Fundación Metáfora.


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Tras la frondosa barba de Herman Melville

Pablo Gallo

GLF

Pablo Gallo nació en A Coruña en 1975. Estudió en la Escuela de Arte Pablo Picasso de A Coruña y en la de Arte Massana de Barcelona.
En 1995 expuso por primera vez individualmente. Ha obtenido desde entonces premios y reconocimientos en certámenes de pintura en España. Pablo es un artista inquieto por decantar y explorar el dibujo. Les mostramos aquí otro de sus cortos



video


http://elblogdepablogallo.blogspot.com/

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Miguel Ángel Polanco: Respiro del color, caminante del tiempo


André Cruchaga
Poeta y maestro salvadoreño

Hace unos días, el pintor Miguel Ángel Polanco ha puesto en mis manos el libro: “Polanco, Volver la vista atrás, 1960-20082”, una retrospectiva de su trabajo pictórico de casi cincuenta años. Ante todo el libro, muy cuidado por cierto, es un acierto. Ha querido Miguel Ángel Polanco en cada pincelada acompañada de la palabra, juntar las almas: la suya, la de Dios, la de sus creaciones, la de Alba, más allá de una aventura de la vida. En cada trazo, color, forma luz está también el poeta: ese poeta del color que hace posible la aprehensión sutil de la llama de los sentidos y el eco luminoso de sus criaturas.

Miguel Ángel Polanco es pintor de Academia. Discípulo del viento, del agua, del silencio, de la tierra. Apasionado en la esperanza; nunca se apaga el verde de sus destellos, ni la rama azul del sueño, ni las hormigas de sus recuerdos, ni los amarillos de su sombra que a la par se vuelven nidos entrañables. Su estro lo ha llevado a recorrer el mundo, la geografía del suelo, y en ese tránsito de presencias y ausencias, las manos y sus ojos fueron desvelando humedecidas pieles, pero también ardidos vientos de tormenta.

Pintor de convicciones bíblicas. Haber vivido tantos años fuera de El Salvador, no sólo le marcó la existencia, sino que lo unió más al terruño: este terruño nuestro de mercados, la gente a menudo con su acento doloroso, el fuego descalzo de la niñez en el aliento, la brasa o el rescoldo de las frutas del trópico, el costado del respiro en la feminidad enhiesta. Todo esto es el pintor porque ha sabido penetrar en alma de la salvadoreñidad con sus ancestrales tribulaciones y su también surco de almácigos.

Artista completo y en plena madurez de su obra. Fue don Valero Lecha [España] quien supo orientar ese talento desbordante de Miguel Ángel Polanco. Luego estudiaría, becado, en la Academia di Belli Arti de Roma. Ahí, “aprendería el trazo fino para trazar la figura humana, las técnicas del fresco y del temple, así como el enorme legado del barroco”. Y aunque se dicho de manera reiterada que es un artista figurativo, sin duda ha incursionado en otros istmos. Pero veamos: “Su pintura es figurativa y al mismo tiempo espiritual, sus personajes, en la mayoría femeninos, generan una serenidad y también una sutil inquietud que hace que las imágenes permanezcan en la mente mucho después de observadas. La sensualidad y la sexualidad son presencia casi universal en su obra. Los entornos parten de lo cotidiano, y son a su vez vehículos para despertar sensaciones casi de ensueño.”

Lo marcó el exilio y la nacionalidad. Por eso hoy vuelve la vista atrás para desvelar su partida, es decir, el comienzo del camino que él mismo se trazó. “La vida es nuestra razón.” Por eso la festejamos con puntual reverencia, por eso el blanco, el amarillo, el azul, el negro, el verde custodian la magia de los párpados en la ráfaga audible del sueño.
Miguel sabe, como bien lo expresó José Bergamín, que “La luz es nuestro camino./ La ilusión nuestro destino./ (La ilusión que te ilumina —te ciega para mirar—/ El que por la luz camina —se hace sombra el caminar.)/ La ilusión es el camino./ La luz es nuestro destino.” Así es el artista con el pincel o la palabra. Miguel Ángel lo sabe cuando trasfigura su fantasía y se entrega desnudo como desafiante vela en el vértigo de sus propios resplandores.


Barataria, 23.I.2009
Publicado en: http://laberintodeltorogoz.blogspot.com/
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El trabajo artístico y su función transformadora de la realidad (II)

Lya Ayala
GLF

¿Debería el artista reflejar en su trabajo una postura política?, el punto importante a destacar es qué relevancia tendría esta postura en la calidad y trascendencia de la obra en la cultura nacional.
Vamos por partes a desgranar la pregunta, tomando en cuenta el momento histórico experimentado por el artista, las circunstancias determinadas por la realidad con todo y sus variaciones, integrando los elementos personales y colectivos, de los que se vale para construir la obra.

Qué sucede cuando los artistas no muestran en su trabajo artístico estas posturas de evidente “compromiso social” o, para hacerlo más complicado, de identificación con partido o ideología políticas. Hay un primer momento para analizar y es sobre cuál grupo el artista vierte su obra, a quien la destina y por qué la destina a ese grupo. Definamos, entonces, el segundo momento, si el artista posee las condiciones para ser escuchado, si encuentra las condiciones para ofrecer su trabajo a ese, digamos, grupo específico poseedor de los recursos para adquirir la obra, el grupo puede ser el mismo gremio artístico, usualmente sucede así; pero, la limitación que ofrece una retroalimentación de este tipo, parcializa la propuesta político-social a la que nos referimos.

Veamos otros aspectos, los intereses estéticos, la actividad política, la educación académica, el estrato social y posición económica propias del artista frente a la realidad experimentada, de donde sustrae los elementos para plantear y expresar su trabajo artístico, son de mucha relevancia.

Sigamos y exploremos lo siguiente: si las consignas de un periodo de guerra cambian a uno de posguerra, evidentemente para la cultura supone un desgaste de profundas expresiones en la vida de la sociedad que la ha vivido. Consideremos, también, a la cultura como un ánima palpitante y en continuo movimiento, en contracciones generales expresadas de diversas formas.

¿Cómo apuntalar el aporte del trabajo artístico en estas condiciones?, desde y bajo serias luchas personales y colectivas, para ajustarse a unas muy diferentes condiciones políticas, sociales, económicas en una cultura en proceso permanente de identificación con una realidad violenta, y aquí también no perdamos de vista, los tipos de violencia a los que se enfrenta la sociedad, desgastada, precisamente, por reacciones políticas inmorales y la inevitable integración al conjunto de naciones cada vez más cercanas, necesitadas unas de las otras para dinamizar la economía mundial.

Tomemos estos elementos en cuenta y consideremos las propuestas hechas por las generaciones de escritores aparecidas durante y después de la guerra, qué aporte han hecho a la inteligencia colectiva, condición propiciada por las expresiones de la cultura en su conjunto; y cómo lo reflejan a través del arte, como parte revitalizadora de la transformación social.

Algunos aprecian un supuesto vacío de generación, de carencia de expresiones novedosas, formas originales o equiparables a otros momentos de la historia literaria nacional; lenguajes, estilos, en suma, posturas sean estéticas, morales, religiosas y políticas, amparando la apreciación en un momento histórico distinto y complejo.
Cómo representar en la obra de arte actual refuegos y sufrimientos de guerra bélica, compromisos ideológicos, solidaridad ante el sufrimiento colectivo de la muerte, persecución, si no se tiene la vivencia; algunos todavía lo hacen porque tienen un referente personal, pero los que no lo hacen, es porque encuentran en la variedad de la temática, dada por la misma realidad cambiante, otras circunstancias ricas en significados que la reflejan, sobre todo, en una búsqueda, en un agazaparse en sí mismos y observar atentos o despistados, producto del dubitativo momento histórico, hacia la derecha, la izquierda, atrás o adelante, arriba o abajo; como una condición de apropiación de las transformaciones de la sociedad de posguerra, una manera particular de elegir, es decir, existe la variedad para elegir y se puede elegir, esa es la impresión de atomización que se observa en ambos grupos.

La claridad con la cual los artistas de guerra y después de la guerra se expresan, no deja duda de los valores existentes dejados por esta: un aislamiento junto al fuego de la experimentación reflexiva con la computadora y el internet como aliados, donde los grandes clásicos hacen presencia, los clásicos universales, por supuesto; como si haberse quedado detenidos en el tiempo, en el chispazo de la guerra, no fuera suficiente, se saltaron la literatura nacional de los grandes, y se fueron a escuchar a los franceses, los norteamericanos, los ingleses y, los universales latinoamericanos, sin olvidar a los hindúes memorables.
Con suficiente razón quieren absorber el cúmulo de valores estéticos de la literatura universal y la exprimen para saber de ella y apropiarse de la esencia de estos magníficos maestros. Aspiran a que la literatura universal forme parte de su desarrollo como artistas, su medición la hacen a partir de lecturas universales, variadas, eclécticas, ese es su parámetro. La experiencia de la cultura nacional pasa por el espejo de la cultura universal, cada vez más a la mano. Dejando lo nacional en medio de una bruma, irreconocible e irreconciliable.
Una cultura se atenaza con el sonido de las voces de quienes la crean y recrean, no hay artista que pueda sustraerse a los acontecimientos de su tiempo, su riqueza de sensibilidad y visión se nutre de lo experimentado a través de esta. La guerra de dos caminos sin alternativa, ya no existe, sino la guerra de supervivencia en la gran urbe; pero con esa no les interesa construir violencia ni convertirse en héroes, al leerlos y escucharlos, da la impresión, simple impresión, de ser olvidadizos, nada relucientes y cómodos, en fin, hasta pasajeros en la historia de la literatura nacional.

Creo, a pesar de todo, que la historia es otra, una historia menos tormentosa y simbólica; pero más compleja y rica en análisis, el arte actual refleja esa postura, esta aldea es solo un punto en la aldea global, donde se habla de sí mismo porque lo global absorbe y nulifica, donde hablar de los valores, dolores y desgarramientos en primera persona es transparentar el yo y las condiciones generadas por la cultura violenta local; a la cultura violenta mundial, donde se retuerce la palabra y se usa lo intelectual como defensa contra la ausencia del interlocutor, donde la televisión, los medios de comunicación, el nihilismo, la contradicción provocan una sonrisa sarcástica y silenciosa. Así que la ausencia de una identificación partidaria e ideológica, también es una postura política de rechazo e indiferencia, ante una cultura mutilada por la misma masa que la compone y la recompone.

¿Politización? para qué… los artistas actuales lo que sí reflejan en su obra es una postura política incolora; pero que si se lee y observa de verdad sin cortapisas, se verán y escucharán propuestas, dónde el carácter de la temática, el estilo, la forma, el trasfondo y el compromiso suelen difuminarse en contenidos impersonales, unipersonales, fragmentados, amorosos, vegetales, de corto o largo aliento, potentes o susurrantes; pero están ahí y tiene un significado dentro del proceso de transformación de la cultura.


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viernes 3 de julio de 2009

Diez años de llamas

Redacción

GLF

El Grupo La Fragua (GLF) celebró su décimo aniversario con un homenaje a Mauricio Vallejo el 3 de julio de 2009 en la Casa de la Cultura del Centro de San Salvador a las 10:00 de la mañana, al que asistieron un buen número de asistentes.


El homenajeado Mauricio Vallejo fue un poeta y cuentista salvadoreño de mucho talento, que además fue el padre del director de La Fragua. Nació el 28 de diciembre de 1958 y desapareció el 4 de julio de 1981, durante la guerra civil salvadoreña; precisamente para recordar su secuestro y su lucha revolucionaria el Grupo La Fragua decidió iniciar sus actividades el 4 de julio de 1999. Al principio como un grupo literario integrado por Mauricio Vallejo Márquez, actual director, y Gabriel Quintanilla, actual coordinador. Con el tiempo dentro de GLF nació Ediciones La Fragua, desde donde se imparten talleres literarios en varios departamentos del país y se editan y redactan libros, revistas y tesis, entre otros materiales. Otros productos de GLF son las revistas literarias electrónicas: Huella, Mes Cenas y La Fragua del Herrero. Esta última cuenta además con dos suplementos Es Cuento y Es Poesía.

Uno de los proyectos a largo plazo de Grupo La Fragua es editar la revista electrónica La Fragua del Herrero en formato de revista física, con la finalidad de contribuir a incentivar la lectura en la población y apoyar el trabajo de los escritores.


En 2007 se integró al grupo Carlos Rubio Calles, encargado de coordinar las actividades musicales que acompañan a GLF. En 2008 se une al grupo Gabriel Alvarado quien tiene a su cargo el área de artes plásticas y escénicas. Un año más tarde, en 2009 el grupo extiende sus actividades a publicaciones en internet y en revistas, así como conferencias, recitales, exposiciones de fotografía y pintura, además de espectáculos teatrales y la promoción cultural.


La Fragua es el horno o la llama en la cual el herrero cuece los metales y forja las diferentes piezas metálicas como las espadas. El grupo decidió tomar ese nombre como una metáfora que retrata el trabajo de los artistas, de donde salen los diversos géneros artísticos.


En la celebración hubo una exposición pictórica de los artistas plásticos Gabriel Alvarado y José Morales, música interpretada por el cantautor Carlos Rubio Calles y la poesía de Mauricio Vallejo Márquez, Gabriel Alvarado y Gabriel Quintanilla. También se tuvo la participación del grupo de teatro Kaligari, que se encuentra asociado a GLF, con un performance de rechazo al golpe de Estado en Honduras.


Roberto Palencia y Mauricio Vallejo Márquez leyeron parte del material literario del desaparecido escritor Mauricio Vallejo.

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10 Aniversario en imágenes

Cross Blanco

GLF

A continuación podemos apreciar algunas escenas del 10 Aniversario de la Fundación del Grupo La Fragua. Las importantes participaciones de cada uno de los invitados al aniversario.

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Presentación del aniversario de La fragua por la directora de la Casa de la Cultura del Centro de San Salvador.


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Primera intervención de Carlos Rubio Calles interpretando El Necio de Silvio Rodríguez.

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Respuestas a los miembros de la prensa que se encontraban presentes por Vallejo Márquez.

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Lectura de poesía de Mauricio Vallejo.

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Lectura de poemas de Gabriel Quintanilla.

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Lectura de un poema de Gabriel Alvarado.

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Intervención musical de Carlos Rubio Calles.