martes, 22 de enero de 2008

Virgen


Ecuador

Sublunar, yacente, subyacente doncella
te enamoraste de la piel y no de la llaga
del que gritaba debajo de la herida.
Lastimándote podías parecerte al merecido.
Sangrandote, ¿ iba a seguir durmiendo el tigre
todavía azul de tu deseo, tu inconfesable
tigre? Le llamabas con tu vocación
de sed culpable que bebía en tus manos,
decías querer ser feliz en su debajo
y que nunca tendrías otro esposo
"Te he sido fiel, señor" No sé
cuándo te echaste los cerrojos, dónde
me quedé amándote por encima del hábito
esperándote a que fueras un poco más
desnuda, no tan niña.
Tal vez
no me debías fidelidad ninguna, con él
no era pecado aquello que conmigo,
pero en cada altar encuentro tu fotografía
con muchos más vestidos y con una aureola
que veo sólo yo, subterráneo.

lunes, 21 de enero de 2008

AUTOBUSES

Obra del diseñador salvadoreño Francisco Márquez.

SEÑALES PREVENTIVAS

Obra del diseñador salvadoreño Francisco Márquez.

El Puente



Por Oscar W. de Lucbiz Milosz
Lituania

Las hojas secas caen en el aire dormido.
Mira, corazón mío, lo que el otoño le ha hecho a tu isla querida:
¡Qué pálida está! ¡Qué huérfana de corazón tranquilo!
Suenan las campanas, suenan en San Luis de la Isla
Para la fucsia muerta del ama de la barcaza.
Con la cabeza gacha dos viejos caballos muy humildes, soñolientos toman
su último baño.
Un perrazo negro ladra y amenaza de lejos.
En el puente sólo estamos yo y mi niña:
Vestido desteñido, hombros endebles, rostro blanco,
Un ramo de flores en las manos
¡Oh mi niña! ¡Ese tiempo que viene!
¡Para ellos! ¡Para nosotros! ¡Oh mi niña!
¡Ese tiempo que viene!

(Adramandoni)

(Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán)

domingo, 20 de enero de 2008

Las manos




Nadie tenía las manos tan grandes como Jairo. Algunas personas creían que las había heredado de un gigante, otros afirmaban que eran así porque era un campesino. jairo jamás fue al campo, jamás hizo algo importante, ni era descendiente de gigantes, sin embargo tenía las manos tan grandes que la gente, abarrotada al rededor de su cadáver, no podía dejar de verlas.

sábado, 19 de enero de 2008

Fuga de muerte





Por Paul Celan
Rumania



Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza
Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las
serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de
oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire nose yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la
danzaNegra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí
Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita

Versión de José Ángel Valente


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Paul Celan, uno de los mayores poetas judíos de lengua alemana, nacido en Czernowitz en 1920, padeció los ataques del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Sus padres murieron en los campos de exterminio, pudiendo él sobrevivir a la Shoá. Se suicidó en París en abril de 1970. El poema transcripto se destaca dentro de su obra, siendo considerado como el mejor poema alemán de la post-guerra. El mismo hace referencia a los músicos judíos obligados a tocar mientras sus compañeros cavaban fosas. Es a través de su obra que Paul Celan logró superar la "imposibilidad de hacer poesía después de Auschwitz", tal como lo expresara Adorno.

El viento

Por Salarrué
El Salvador

La Palazón se bañaba alegre y desnuda en el viento. El sol era mareño en la mañana azul. La basura iba y venía, arrastrada por la mecida del aire. Hojas que rodaban como caracoles, polvo como espuma sucia en aquella marea. Los charcos, en medio del camino barrioso y barrido, se secaban dejando prieta la tierra, y blandita como para meter el pie. Un ruidal de ramadas llenaba la costa entera, desde aquí quera verdeante, hasta allá lejoslejos quera azul. También las yeguas sintieron dentrar el viento en su alegrón y se echaron a correr por el llano. A la par de las yeguas del viento, iban las yeguas de sangre, atropellándose unas con otras, soplando las narices valientes, la crin al cielo y el casco al suelo; ¡patacán, patacán, patacán!... Dejaban jumazón en la fueya, como si quemaran su libertá. Paraban su desboco, cuando ya no sentían el suelo, por miedo al vuelo desconocido. El heroísmo es un exceso de vida que puede a veces producir la muerte. A ratos, el norte ponía mujeres de polvo, bailando vertiginosas por las veredas; bailando en puntas y cogiendo al paso mantos de nube, para enrollarse girámbulas. Venía el chuchito perdido, arrastrando una larga pita por el camino: era negro, lagartijo, encogido y despavorido. Echaba las orejas hacia atrás; la cola entre las patas; un vivo amarillo de espanto le rodeaba los ojos polvosos. En aquella anchísima soledad, ensordecida por el viento era como un dolor extraviado. La fuerza del oleaje le hacía tambalearse. Se paraba y ponía vanos empeños por amarrar el cabo del olfato. Volvía tímido la cabeza, para mirar cuán solo estaba. Entonces su grito lastimero hacía un rasguño en el viento. Volvía atrás con igual premura; miraba al andar hacia el cielo, como si nadara. La pita lo seguía dócil, marcando un surco en el polvo por un instante. Era como un amor náufrago. Buscaba al amo, perdido en el ventarrón. A lo lejos, como un punto negro en la explanada, iba nadando hacia lo incierto. Aquella cosa tan mísera, bajo el furor del cielo, era un dolor grandioso. Entre madejas de polvo y cáscaras doradas, apoyado al tanteyo en el palo y al tanteyo la mano en el cielo, el viejo topó a una alambrada y llamó ya sin esperanza: -¡Mirto, Mirto!...