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lunes, 24 de agosto de 2009

Otoniel Guevara: “La mujer es una fuente inagotable de conocimientos, es decir, de belleza”

Por Lya Ayala
GLF

Otoniel Guevara nació en La Libertad, El Salvador, en 1967. Estudió periodismo. Representante de la corriente de la literatura de guerra y posguerra en el país, donde el poeta Roque Dalton ejerció influencia definitiva. Guevara ha publicado Tanto, El Sudario del Fugitivo, Despiadada Ciudad, Cuaderno Deshojado, Lo que Ando y Canción Enferma.
A pesar de las acechanzas del tiempo, un ambiente hostil y las precarias condiciones para publicar y desarrollarse como poeta, Otoniel ha sabido mirar las contradicciones con amabilidad. Viajero constante por el mundo, sin más pasaje que su poesía, es actualmente un referente obligado de la poesía salvadoreña.
Su último poemario Canción Enferma refleja una intensa mirada a su expresión poética profunda y reveladora.


¿Es tu último poemario Canción Enferma muestra de la madurez del poeta?
Por lo menos se acerca a la maduración del hombre, aunque estos términos son demasiado relativos como para andarse promulgando. La maduración del poeta nombrado Otoniel Guevara es algo por lo que, definitivamente, no se me debe preguntar a mí.


Cuéntanos sobre el contenido del poemario.
El libro está conformado por cuatro capítulos, para llamarlos de alguna manera. El primero se titula “Álbum” y es una historia de amor donde se cruza mi historia con la de la amante que nació años después de mí. La segunda parte se titula 47 historias de amor, que no son exactamente 47 pero sí son de amor; pero no solo el amor “romántico”, sino diversas expresiones de amor, por primera vez incluyo algunos poemas un tanto cínicos. La tercera parte se titula “Desacuerdos”, dedicada a tres rebeldes de nuestro tiempo: un pastor, una poeta y un burgués. En él hay textos muy críticos para nuestras cómodas posiciones ante el boom del crimen. Finalmente, la última sección es la que da titulo al libro “Canción enferma”. Estos poemas son muy dolorosos, bueno, casi todo el libro, pero en ellos hay heridas íntimas y nacionales mucho más profundas.
Algo muy importante son los poetas y personalidades reunidos virtualmente gracias a las citas y dedicatorias, me parece una comunidad de nombres necesarios para este momento de nuestra historia latinoamericana. Me gusta ese montón de gente en medio de mis palabras.




¿Se aleja o se acerca a los anteriores libros?
Es la continuación lógica de No apto para turistas y realmente marca un cambio de actitud, puesto que hay atisbos de humor, cinismo, visceralidad y simplismo que antes no eran muy frecuentes


Se encuentra fuerza y reflexión en los poemas de Canción Enferma ¿es un libro íntimo?
Sí, es absolutamente íntimo, lo que pasa es que a mí me gustaría exclamar con Claudia Lars “Cuando yo digo yo, digo todo conmigo”


Tu gran tema siempre ha sido el amor ¿qué es el amor para ti?
Entrega, conocimiento, y otra vez entrega. Es el verdadero origen de la belleza.


¿Es la mujer un motivo poético en tu poesía? ¿en ella encuentras la representación de la belleza o del objetivo poético?
La mujer es una fuente inagotable de conocimientos, es decir, de belleza. Pero hay otra fuente que me hace descubrir muchas cosas: la injusticia. El mundo, que es básicamente injusto, es un grito en cada piedra que me mueve a pactar con el universo el destape de esos pronunciamientos que suelen ser los poemas de este libro, por ejemplo.


Pero la mujer es un tema ligado a tu poesía por los cuatro costados. ¿También es una representación de la injusticia?
Por supuesto que una relación de pareja con una mujer tiene todo para ser injusta, lo que sucede es que uno debe aprender a disfrutar de esos momentos de esplendor que te da este tipo de relaciones, y luego lamentarte por haberlas perdido escribiendo poemas de amor, que realmente son de nostalgia.
Sí, siempre hay mujeres en mis escritos, pero es porque son inevitables, además yo sigo el consejo de Italo cuando dice que no hay que huir ni de la mujer ni de la poesía, difíciles pero reconfortantes.


Te consideras un escritor que habla de política en su poesía.
No, nunca me he considerado un escritor, yo soy poeta, y no hablo de política en mis escritos, sino que los lectores pueden sentir una identificación civil con lo que digo, que lo digo porque lo vivo como ciudadano desde mi presencia en los problemas sociales, económicos e históricos del país, y precisamente mi manera de enfocarlos es lo más antipolítico que pueda, pues es en el combate a esa mala manera de hacer política que existen muchos de estos textos.


Tuviste la oportunidad de ser parte de la guerra civil salvadoreña, ¿por qué decides participar?
Por vergüenza. Porque tomo conciencia del país horrendo, injusto, criminal en el que vivía y no soporte la indignación y la rabia. Y corría la suerte de que la impotencia no era moneda de curso en esos días, busqué la manera de integrarme a los disconformes que hasta un ejército armado tenían, y ahí me ves, fusil en ristre, buscando con la lamparita de Diógenes no un hombre, sino una tierra fértil donde se pudiera ser hombre.


¿Qué hace, entonces, un poeta en la guerra?
Horrorizarse. Y, lamentablemente, humanizarse de la forma más macabra que se conoce. Gracias a mi participación directa y profunda en la guerra puedo decir con propiedad que ese no es el camino. Soy pacifista, como muchos, gracias a la guerra. Lo peor que le puede pasar a un poeta en la guerra es no poder salir de ella.


La muerte también es un tema recurrente en tu poesía ¿es de alguna manera la evocación de muerte que observaste en la guerra?
No solo en la guerra, porque la muerte es fin irremediable de algo, de alguien. Con la muerte mueren los cuerpos, lo transitorio que hay en nosotros. Y la muerte se ha ensañado con nuestro pueblo en el último siglo. Asistimos a la muerte de nuestra identidad, de nuestra idiosincrasia, de nuestra naturaleza humana. Esas degradaciones se observan a diario en todas partes, y eso afecta. El sistema neoliberal bancario nos hundió en la miseria del espíritu, corrompió nuestros hábitos más nobles y monetizó nuestra cotidianidad. Al rescate de esa esencia humana es que trato de unirme desde mi palabra.


¿Crees en Dios?
Claro, solo que de manera clandestina, para evitar el cobro de diezmos. Sin Dios no existiría la poesía, que es el aliento de Dios, su primer violín.


A qué crees que se debe la vigencia de tu poesía.
A que gente sensible como vos me haga, por ejemplo esta pregunta, porque de algún lado sacás que mi poesía es vigente. ¿Vos por qué crees que sea vigente?

Será porque la poesía verdadera siempre es actual.

Consideras que tu poesía atrae a la gente por eso, porque tiene la esencia de quien la escribe no falsea la verdad poética.
No me parece ocioso tocar este tema. La poesía es verdad absoluta, porque está hecha de la verdad personal del poeta, que es su descubrimiento íntimo, que es su hallazgo profundo, su lucidez particular. La poesía debe estar alimentada por esta característica. Entonces cuando vos hablás de “falsear” la verdad poética, te referís justamente a que eso no será nunca poesía, y el buen lector de poesía lo sabrá de inmediato. El poema se construye con el lenguaje y la vida, el poeta moldea el lenguaje de tal forma de hacerse de un estilo y le suma su visión particular del mundo, que debe ser honesta, brutalmente honesta de preferencia. Cuando un poeta no tiene nada que decir, por muy excelso que sea su estilo, el mundo sabrá agradecer su silencio.


Eres considerado el referente de la poesía joven salvadoreña a pesar que aparecen otros escritores.
Es que tengo muchos amigos por todas partes. Por ejemplo, Claudia Hernández, a quien yo considero desde hace muchos años como una de las más altas escritoras latinoamericanas contemporáneas, siempre anda evadiendo la exposición a todo tipo de publicidad y es una persona de muy pocos amigos, lo cual suena mal pero no es así.
Es el caso de Lya Ayala, fina poeta que hace su obra a la sombra y no tiene ni un libro publicado. O por ejemplo David Morales, quien es más conocido como defensor de los derechos humanos, cuando es un poeta realmente golpeador. Y quien sabe cuántos más.


¿Se debe a que estas a la vista, en un escaparate? Sin embargo, tu poesía trata dos grandes temas: el amor y el desamor, y estos temas le atraen al lector. Crees que esto es una posibilidad de por qué tu poesía gusta tanto o quizá sea el lenguaje, el estilo, la intensidad de la voz poética, el ritmo... o todo ello junto.
No, creo que los temas son importantes, pero también el enfoque de los mismos, y en esto creo que reside un hallazgo. Cuando yo hablo de amor no vas a encontrar los enfoques más trillados, mas bien hablo del amor como un laboratorio donde podemos efectuar múltiples experimentos de relacionarnos. Lo mismo con el desamor, trato de que no sea un lamento, sino una ocasión para amar más la vida y sus sorpresas. Y lo más importante es que lo realizo con un lenguaje accesible, con un ritmo popular y cierta música atractiva.


Actualmente eres coordinador del único Suplemento Cultural del país ¿cómo es esa labor?
Apasionante. Todo el trabajo que cuesta hacer cada número, el sacrifico que se hace para producirlo, no es relevante respecto a la alegría de tener esta ventana abierta para la creación y la opinión de nuestros creadores. Está claro que el aporte del 3000 ya se puede ver pobre respecto a la masa de movimiento artístico y cultural que se mueve en El Salvador, pero es lo único que hay por hoy, y habrá que potenciarlo y apostarle más.


Qué piensas debe el Estado, las empresas periodísticas u otros grupos apostarle más, porque parece de cuento que no existan revistas o suplementos culturales en el país. ¿Cómo ves el panorama?
Respecto al Estado, levemente esperanzador. Creo que ellos van a escuchar a quienes lleguen con propuestas concretas, propuestas editoriales; revistas, suplementos, periódicos culturales, programas radiales, etc. Respecto a la empresa privada no hay que esperar nada, lo que hay que hacer es crear nuestras propias empresas que no nos priven de la alegría de expandir el arte por todo el territorio nacional.


Te dedicas por entero a la poesía y las actividades culturales, viajas, coordinas un suplemento y un encuentro internacional de poetas, promocionas tus libros ¿eres disciplinado?
Era. Ahora ya me siento un poco cansado, sin embargo lucho por hacer bien cada una de las cosas que emprendo, y quisiera que los jóvenes sepan que no me gusta ser egoísta y que pueden sumarse a todos los espacios en donde me muevo. Ahora también llevaré un programa cultural en la Radio El Salvador, 96.9 FM, todos los jueves de 8 de la noche en adelante. Se llama “Semáforo en azul”


Cuál es el poeta que más te ha influenciado y cuál es el libro que siempre llevas contigo.
Roque Dalton. Libros llevo muchos siempre, de todo tipo. Narrativa para leer en el bus, poesía para leer en las colas, ensayos para leer en el baño, más poesía para leer a los amigos, novelas que no voy a leer para sentir que no estoy solo, sin libros.


Consideras que has logrado tus metas.
Empiezo a proponerme metas. No las tengo definidas todavía, mis intereses culturales no conocen límites. Eso me altera siempre mis planes inmediatos. Mi meta final es morir en paz, con todas mis metas pendientes para la próxima.


Sería complicado volver a otro Otoniel Guevara en una nueva vida. Su poesía es única, ¿no?
Es lo que busco siempre, ser único, que significa ser yo. Porque Otonieles Guevaras hay varios en el mundo, incluyendo un famoso criminal sudamericano. Yo quiero ser el dueño auténtico del crimen de ser yo mismo. Y en la medida que lo sea, mi poesía será también particular.


Recomienda cinco libros para que lean los jóvenes.
Los miserables, de Víctor Hugo
Luz Negra, de Álvaro Menen Desleal
Pedro Páramo, de Juan Rulfo
Cuentos de Cipotes, de Salarrué
Los cuentos completos de Oscar Wilde

Además, pondría a un ladito:
La poesía completa de César Vallejo
La poesía completa de Roque Dalton
La obra completa de José Martí
Los escritos de Michael Ende.

jueves, 16 de julio de 2009

Bob Gurney: "Nuestras vidas son breves, pero la poesía vive para siempre"

por Lya Ayala
GLF

Robert Gurney posee el secreto de las palabras. Es un poeta conocedor de lo mejor de las corrientes modernas de la literatura europea y de la esencia de los descubrimientos literarios americanos. Gurney nació en Luton, Bedfordshire, Inglaterra. Maestro de literatura latinoamericana y poesía francesa moderna. Estudioso de la obra de Juan Larrea. Ha escrito ensayos y traducido a otros poetas.

Su obra comprende Poemas a la Patagonia, Luton Poems, El Cuarto Oscuro y otros poemas, Nueve monedas para el barquero; prepara Luton Poems 2. Actualmente es lector honorario de la Universidad de Gales.

Los invitamos a una conversación con un poeta profundamente auténtico y comprometido con la belleza de la poesía.



Robert, cómo divides tu vida entre en St Albans, Hertfordshire y tu trabajo actual en Gales.
-La verdad es que ahora pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en St Albans, cerca de Londres. Mi esposa es de Gales, del condado de West Glamorgan. Vamos de vez en cuando a la aldea de Port Eynon, no lejos de Swansea. Mi suegro, el inventor Dr. George Donovan, compró una casa allí. Paddy, mi esposa, no está muy bien de salud y ella y yo vamos allí con menor frecuencia. Nos gusta pasar el mes de agosto a orillas del mar, hace menos calor en Port Eynon que en St Albans en ese mes. Con los cambios del clima creo que pasaremos más tiempo allí. El ambiente en Gales es propicio a la poesía. Valoran más a sus poetas. Busco y encuentro inspiración en esa península, The Gower Peninsula, y en las pequeñas ciudades y las aldeas del país. Como sabes, Dylan Thomas nació en Swansea. Uno siente su presencia en muchas partes. Respecto a mi trabajo en la Universidad de Swansea, es lo que se llama un ‘honorary lectureship’. No me pagan. No recibo un sueldo. Doy una charla. Tengo acceso a la biblioteca. No es gran cosa. Mis escritos pueden ser incluídos en la lista de publicaciones de la Universidad. Cuando escribí esa frase ‘Divido mi tiempo entre Inglaterra y Gales’, íbamos allí con mucha más frecuencia.

Tuviste un maestro de español argentino. ¿Fue él quien te indujo a conocer la literatura latinoamericana?
Escribí una vez:
"Mi primer profesor de español, en el liceo de Luton (Bedfordshire), el Señor Enyr Jones, era argentino, precisamente patagónico galés, de Gaiman. Las clases del argentino en Luton Grammar School eran unos oasis de paz, amistad e inspiración: un grupo pequeño en la biblioteca, sentado en un círculo alrededor de una mesa elegante de madera, con los diccionarios de la biblioteca esparcidos en la mesa".
Sí, fue él quien me introdujo un poco a la literatura latinoamericana, pero la realidad es que fue mi amigo, el poeta Juan Larrea, quien realmente me abrió los ojos a la obra de poetas como César Vallejo y Vicente Huidobro, que eran sus amigos en París. Hice mi tesis doctoral sobre Larrea y tuve que estudiar sobre todo la influencia de Huidobro sobre él. Lo exploro en mi libro La poesía de Juan Larrea, Universidad del País Vasco, 1985. Con el tiempo, empecé a dar clases en la Universidad de Middlesex (Londres) sobre Vallejo y Huidobro y sobre Rubén Darío (otro poeta de Larrea), Nicolás Guillén, Pablo Neruda, Alejandra Pizarnik, Gabriela Mistral y otros. En la Universidad de St Andrews, en Escocia, estudiamos principalmente la literatura española, de España. En el liceo, recuerdo la novela Pensativa de José Goytortúa Santos, Don Quijote de la Mancha y Novelas ejemplares de Cervantes, Zalacaín el aventurero de Pío Baroja. Estudiamos más la novela. Me interesaba la personalidad del profesor. Hablaba español con un acento galés. Era diferente a los otros profesores. Yo no lo sabía entonces pero iba a tener un rol importante en mi vida. Aprendimos el español de la Patagonia. Mi libro Poemas a la Patagonia sale en Madrid en noviembre o diciembre. Este poema lo explica mejor:



Sr. Jones
En aquellos tiempos
justo después de la guerra
muchos de nuestros profesores
tenían jardines secretos.

No era normal
que nos permitiesen
entrar.

Pero había uno,
el Sr. Enyr Jones,
de Gaiman,
en la Patagonia,
que tenía tal sitio
y que nos dejaba entrar.

Nos paseaba
por ahí,
distraídamente,
señalando el césped
y las flores
que en España
tenían nombres diferentes.


Quizás
los otros jardines
no existían de verdad,
pero el suyo sí.

De mi Luton Poems, Verulamium Press, 2005


-¿Las conversaciones con Juan Larrea te influyeron en tu inclinación hacia la poesía? ¿Cómo fue ese encuentro y qué te dejó como intelectual?
Las conversaciones con Juan Larrea en Córdoba, Argentina, en 1972, fueron electrizantes. Me cambiaron. Empecé mis investigaciones sobre él en 1968. Existe también una correspondencia (inédita hasta la fecha) en la cual hablamos acerca de la poesía. ¡El pensó que yo era jesuita porque le escribí por primera vez desde la Universidad de Deusto en Bilbao! Nací anglicano. El me dió una comprensión de la poesía más profunda. Gerardo Diego me había dicho que Larrea era el más profundo de los poetas españoles. Pero hay que decir que escribí mi primer poema a la edad de quince años. Y hay que agregar que el modelo de Larrea era difícil para mí. Su poesía emplea las imágenes. Mis poemas derivan de imágenes. Pero somos muy distintos. Casi se puede decir que en mi poesía minimalista me rebelé contra su influencia. Tuve que separarme de él. Le hubiera escandalizado a Larrea, porque eran enemigos, pero me acerqué a Neruda.





El lenguaje en tu poesía es coloquial, pero de una densidad extraordinaria. Cuéntanos sobre tu lenguaje poético.
Sí, uso un lenguaje coloquial, siguiendo el ejemplo de los poetas Beat norteamericanos y la poesía de Nicolás Guillén. Escribí esto hace unos años:

Mi poética
Vivo un poco fuera del tiempo y el espacio. Me encanta imaginarme en un campo —hace siglos— espantando los cuervos o verme pasear a orillas de los ríos de la Patagonia.
Me esfuerzo por crear una poesía minimalista. Como Huidobro, borro el adjetivo que no agrega nada. Busco una poesía a menudo gráfica. ¿Para qué? Busco la verdad, no la verdad masiva de la brocha gorda sino las pequeñas verdades de la vida. No siempre vemos las pequeñas cosas. Las persigo.
Me gustan los sencillos actos de la humanidad: una sonrisa, una lágrima y los de la naturaleza: de una hormiga o una culebra. El cultivo está hecho de mil pequeñas cosas, como un mosaico. Es así la vida. Absorbo cada día palabras de anuncios, tanto viejos como nuevos, escenas o voces del mercado, e-mails, periódicos, la televisión, películas, cuadros, fotos, los movimientos de los animales y pájaros del jardín.
En mis textos hay una mezcla de realismo objetivo e imaginación subjetiva. Confieso que, al estilo de Raymond Carver, cambio a veces unos detalles para producir cierto efecto y mi imaginación puede arreglar las cosas según sus propias leyes.
Creo que no es siempre el poeta quien crea los poemas. Es otra cosa. Es decir, creo en la inspiración.
La poesía Beat me ha influido bastante. El simbolismo francés, el surrealismo y el ultraísmo también, aunque ahora sé que estoy bastante lejos de estos tres últimos.
Mis amigos dicen que mis poemas sugieren cosas, que no lo dicen todo. No busco ese efecto. Ocurre, probablemente, como resultado de mi minimalismo. Otros dicen que hay ironía en mi poesía. Sin duda, pero ocurre naturalmente, sin que yo lo busque.
Escribo para crear un espacio personal dentro de las narrativas que quieren absorber mi generación: el cristianismo, el socialismo, el capitalismo. De vez en cuando nos quieren aplastar o nos arrastran. Quiero encontrar un hueco, un sitio, un espacio donde poder ser yo mismo, donde poder respirar. La poesía es ese sitio para mí y, creo, para mis amigos.
Me encantan las cosas que van desapareciendo, tal como un mural en una casa en el Valle de Río Negro. Mis amigos dicen que mis poemas son a veces tristes, melancólicos. Me inspira mucho lo que ya no existe. Me gusta el pasado, las cosas que viven en mi memoria. Sin embargo, no descarto la realidad actual. Está en mi poesía.

¿Concibes tus poemas en inglés o español? ¿Los escribes en ambos idiomas?
Concibo mis poemas en inglés y en español. Si me inspira un texto en español, el poema sale en español. En realidad, no concibo mis poemas en palabras. A menudo veo una imagen en mi mente y el poema crece desde ahí, adquiriendo la carne de las palabras. Mi lenguaje es sencillo. Puedo traducirlo fácilmente, del inglés al español o viceversa. Larrea y Huidobro pensaban que la poesía de imágenes puede traducirse sin dificultad a otras lenguas. Como sabes, escribían en francés también. Su ejemplo me es importante. Hay que subrayar que con frecuencia, cuando me pongo a crear una versión en español de un poema que escribí en inglés, el poema en español sigue otra trayectoria. No es una traducción. Larrea me dijo varias veces que sus poemas en francés eran más duros que los que escribía en español. Le dije una vez que uno puede ser más feroz en una lengua extranjera.


¿Cómo es el proceso de creación de tu obra, cómo la inicias, cuándo lo haces y dónde?
Leo muchas cosas, cualquier cosa: periódicos, revistas. Me agarra una imagen. Duerme en mi imaginación. Un día siento que el pájaro quiero salir del huevo. Me pongo a escribir con la computadora. Tengo un Mac. No puedo trabajar muy bien con una pluma. Hago muchos cambios. Dejo el poema colgado en la pantalla. Vuelvo a él. Lo pulo. Lo reduzco, mucho, mucho. Borro las repeticiones. Pulo la imagen, como Gautier. A veces veo que hay dos o tres poemas en uno. Los separo. Intento crear un final interesante que sorprenda, asuste, conmueva, divierta o ilumine el concepto central. Muchas veces hay un concepto en el corazón del poema, es decir, no una imagen sino una idea.


En tu poema ‘La Mujer de blanco’ haces referencia a Robert Graves en el cierre. Graves veía en esa mujer de blanco o mujer de negro, una asimilación y representación del espíritu de la poesía. También es una declaración personal de tu concepto de la poesía.
Para decir la verdad, no sé. Me atrae esa idea, pero soy consciente de las ideas de Jung y, no sé, no quiero entrar demasiado en ese mundo de las categorías que carecen de vida. A veces creo sentir la presencia de un espíritu o una presencia femenina en los momentos en que tengo la sensación de estar cerca de la Belleza. No lucho por alcanzarla. Ocurre de vez en cuando, cuando logro, en mi imaginación, una fusión de dos o tres realidades que son normalmente distintas o lejanas una de la otra. Como en mi poema ‘Estatuas’ que tiene la base de un verso de Juan Larrea, pero combina una visión de una niebla que desaparece sobre el parque de Verulamio en St Albans y las estatuas de mujeres tendidas al suelo en el Parque Henry Moore en Much Hadham, Hertfordshire. Alguien robó una de esas estatuas. Desapareció. Escribí ese poema. (Larrea me dijo en Córdoba que vacilaba entre "estatuas visibles" y "estatuas invisibles" al escribir ese poema suyo.) ¿Ella es blanca o gris? A menudo representamos la Belleza con la forma de una mujer. Sé, o creo, que es una ilusión, una especie de espejismo. No quiero hablar de la ánima y del alma. Y tengo que confesar que no soy muy fuerte en las teorías o las especulaciones de Robert Graves (The White Goddess). Creo que digo al final de ese poema que tengo que leer ese libro. Lo hojeé hace mucho. Es posible que esté en una caja en el techo. Cuando era muy joven leí y estudié las imágenes de un libro de George Bernard Shaw (que vivía cerca de aquí) The Adventures of the Black Girl in Her Search for God (and Some Lesser Tales). Mi mujer de blanco en esa época era una mujer negra. Estas cosas son el producto del condicionamiento cultural, de los accidentes de la vida.

Esto salió en el internet:

El robo de la estatua de Henry Moore
El libro de Robert Gurney, Luton Poems, Verulamium Press, St Albans, 2005, contiene un poema inquietante titulado ‘Estatuas’. Lo inspiraron dos cosas: la primera, el recuerdo de una visita a la Fundación Henry Moore en la aldea de Perry Green, Much Hadham, Hertfordshire, Inglaterra y la segunda, un comentario hecho a Robert por el poeta español Juan Larrea en Córdoba, Argentina en 1972. Hablaban de un poema de Larrea, éste le mencionó a Robert que cuando lo escribió estaba indeciso acerca de cierta imagen. Al momento de escribir el poema no podía decidir si quería poner ‘Hará un frío de estatuas visibles’ o ‘Hará un frío de estatuas invisibles’. ‘Visibles’ o ‘invisibles’. La conversación fue rápida y Robert no tuvo la oportunidad de preguntarle a Larrea qué quería decir exactamente. Los dos versos permanecieron en la cabeza del poeta inglés y un día, no hace mucho tiempo, al presenciar la desaparición de la neblina en un parque de St Albans, su significado se volvió claro. Una línea significaba que en cierto momento del futuro la gente podrá ver las cosas claramente, y la otra que no las verá. Larrea, señalado por un crítico como “la voz de la república” (española), decía que no estaba seguro, cuando escribió el poema, antes de la Guerra Civil, en qué sentido o dirección irían las cosas. Al darse cuenta de esto, Robert compuso ‘Estatuas’:


Estatuas

a Juan Larrea

Hacía un frío
de estatuas invisibles.

Luego la niebla
se disipó
y vimos
una mujer gigantesca
acostada en la hierba.

Hace un frío
de estatuas visibles.



Robert, ¿qué corrientes literarias han influido en tu obra?
Las corrientes que han influido en mi obra son sin duda el surrealismo, de Eluard, Dalí, Lorca. (Larrea me dijo no le gustaba nada el rótulo de padre del surrealismo español) Hay muchas referencias a Larrea en mis poemas y a Vallejo y Dylan Thomas: los poemas de Larrea, los ejemplos, como poetas, de César y Dylan. El poeta argentino Andrés Bohoslavsky me ha influido muchísimo. Al leerlo, produjo en mí un cambio profundo. Pude separarme del peso de Larrea que llevaba. La poesía Beat, Bohoslavsky, Sergio Regazio, Bukoski, Raymond Carver. Ahora me encuentro tal vez más allá de la poesía Beat y más allá del posmodernismo. Me interesa ahora el concepto del altermodernismo, un término inventado por Nicholas Bourriaud, del Tate Modern. Intento crear un vínculo entre el presente al pasado, entre lo cercano con lo que está lejos.
Mira este poema. Contiene una aspiración y se refiere a los autores que me interesaban cuando lo escribí hace varios años:

La caja

Hay un mercado medieval
en St Albans
los miércoles
y los domingos.

Voy allí
a buscar libros.

Hoy encontré
Rimbaud Complete,
2002,
y Dylan Thomas's Wales,
sin fecha.

Rebuscaba
Carver, Ferlinguetti,
Bukoski, Corso
cuando algo
me llamó la atención.

En los costados
de la caja
se veían imágenes
de peras y manzanas
y la palabra GAUCHO
repetida muchas veces
y "Kleppe S.A.
Cipolletti
Río Negro".

Apenas podía creer lo que veía.

"¿Qué le pasa?"
me preguntó
el puestero.

"Tengo un amigo
en Cipolletti,"
le dije.

"Suena un sitio raro,"
contestó.

"Tengo esa caja
desde hace
varios años,"
agregó.

"Debe cuidarla,"
le dije.
"Un día
valdrá una fortuna."



La poesía amorosa está ausente de tu poesía, ¿por qué?
Me sorprende esta pregunta. No sé por qué. Es cierto lo que dices. Tal vez sea demasiado "inglés". ¡Quizás esté mal visto aquí hablar del amor en público! Es algo muy íntimo entre dos seres humanos. Para mí, sería casi una traición escribirlo en la página, ponerlo en el espacio público, para gritar "Miren ustedes lo que pasa entre mí y mi amada". Creo que se dice en español "Yo no soy de los que dan el beso de Judas" (en inglés, ‘I am not the kind to kiss and tell’). No me gustan las personas que le dan un beso a alguien y luego lo dicen a los periódicos. Un poeta patagónico me dice que ve la tranquilidad de mi relación con mi esposa en mis poemas (Ramón Minieri). Hay referencias a ella en ellos. Cuando uno tiene mi edad, no anuncia con bombos y platillos esas cosas.

Y sin embargo, el tema de la muerte si aparece de forma peculiar en tu poesía, como en el poema "Cara".
El tema de la muerte es el tema central de la Humanidad. ¿Cómo es posible que morimos? Es el tema de Unamuno. Queremos vivir para siempre pero nuestras vidas son cortas. Perdí muchos de mis mejores amigos cuando eran jóvenes. Hoy oí que un amigo, que vivía cerca, el escritor Hans Seelig, que de niño huyó de los Nazis en las calles de Viena, acaba de morir. "La Cara" se refiere a una near-death experience. Cuando tenía, no sé, tres o cuatro años, dos chicos mayores me empujaron al lago. Casi me ahogué. Fui rescatado por la única persona que estaba en el parque ese día del verano. No es una obsesión mía, es un hecho. La mayor parte de la gente va marcha atrás. No la ven. No referirse a ella sería falso, sería superficial. Al decir eso, no creo que mis poemas son demasiado negros en ese aspecto. Perdí a mi padre, mi madre y mi hermano en pocos años. Tal vez por eso entrara el tema. Un soldado de Idi Amin quiso matarme una vez en Kampala. Tiró a boca de jarro. La bala pasó muy de cerca. Tengo la sensación que todo es muy precario, inestable, fugaz. Los edificios de mi juventud ya no existen. Otros suben en su lugar. Pero yo sigo viviendo. Es que rechazo las amenazas de ella. No me atrevo a decir más. Necesito reflexionar más sobre esto. Vivo un poco fuera del tiempo. Cuando vuelvo, veo que todo o mucho ha cambiado. Incluso los vecinos se han ido y otros han llegado. Un amigo mío, en América Latina, con quien intercambio mails casi todos los días es también un superviviente. El también tuvo un near-death experience. Tenemos mucho en común. Creo que esa experiencia, de la muerte-casi, de joven, me dió cierta mentalidad o actitud hacia la vida y la muerte.
Para mí, lo importante es la belleza. Sé que lo feo entra a veces, pero aspiro a crear algo que sea hermoso. No sé lo que es pero la siento acercarse a veces. Cuando Rimbaud exploraba lo infinito, tenía la misma sensación que Ella, la belleza, estaba cerca.

Encuentro en tus poemas "Infinidad", "Infinidad casi", "La belleza" … un ambiente de paz y reflexión. La sensación que producen es de alivio espiritual. ¿ A qué crees que se deba este efecto?
Lya, es que de vez en cuando, busco las situaciones en las cuales encuentro ese ambiente de paz y reflexión, ese alivio espiritual. No son situaciones reales. Es decir, no me pongo al borde del abismo con el lápiz o el bolígrafo en la mano. Son situaciones que recuerdo, situaciones en las cuales me encontré una vez, en el pasado. Las recuerdo en mis poemas. No siempre hay un poema que tiene lugar en el jardín de George Bernard Shaw en Ayot St Lawrence, una aldea cerca de Saint Albans. La casa se llama Shaw’s Corner. Es un pequeño museo ahora. Creo que escribí ese poema después de ir allí con mi hijo William.

Shaw's Corner

La paz
es indescriptible
como lo es
la vista
desde esas
sillas
al lado
de la puerta
de la casa
de Shaw.

Mi hijo
estuvo sentado
en una,
yo
en la otra.

Aspiramos
el silencio.


Existe otras versiones de este poema. Cada una es una etapa en la consecución de la forma final. Reduzco, borro cosas, corto hasta que llego a la esencia de la experiencia. Bueno, lo escribí después de la visita a la casa de Shaw, pero no mucho después. No es una experiencia recordada a distancia. Necesito la computadora para lograr ese proceso de purificación. (Hay otra palabra relacionada con los poetas místicos españoles, no la encuentro.) Sin ella, la compu, el papel sería un montón de correcciones y modificaciones caóticas. Vale, podría usar papel y escribir la versión final así, pero el problema es que nunca estoy seguro que he pulido el poema bastante.

Volviendo al tema de la memoria, Proust me influyó mucho. Teníamos en Luton la que era, en esa época de mi juventud, la mejor biblioteca pública de Europa del Oeste, con más libros que cualquier otra, fuera de las universidades. (La ciudad tenía mucho dinero en los sesenta por poseer una fábrica de coches y camiones, Vauxhall Cars y Bedford Trucks). Tenían libros sobre los dibujos y experimentos de Dalí. Tenían los libros de Proust: A la recherché du temps perdu. Los leí todos. Vi como él, Proust, cultivaba su memoria. He seguido su ejemplo. Cuando describo la paz experimentada en un balcón que da sobre las nubes en la provincia de Kigezi, en el sur de Uganda, es como si estuviera allí ahora. Larrea, en la película que no hizo, en colaboración con Luis Buñuel, Ilegible, hijo de flauta, describe una caja que llega a una playa sudamericana. El protagonista Ilegible la abre y sale todo el bagaje del pasado, incluso personajes de La vida es sueño de Calderón. Abro la caja de mi memoria. Salen los mismos personajes y muchos otros. Salen las hormigas de Centroamérica, que vi en la selva guatemalteca. Esos recuerdos salen y figuran, purificados, en mis poemas. Exploto mi experiencia. Cuando era joven, no había vivido, no había tenido muchas experiencias. No es que rechazo el presente. Mi libro La Libélula, que sale en Madrid en diciembre, en inglés (The Dragonfly), explora el pasado, el presente y como los dos se entrelazan.

Lo que explica más, tal vez, el fenómeno que describes es el hecho que mi padre era fotógrafo. Lo acompañaba siempre, cuando podía. El tenía una de esa cámaras viejas. Pasaba mucho tiempo arreglándola, componiendo la escena. Lo hacía sin hablar. Esos actos de concentración me influían sin duda. El era realmente un artista. Me indicaba la belleza de una escena del campo del Bedfordshire o del Hertfordshire. Creo que heredé mi imaginación fotográfica de él. Un abuelo y un bisabuelo era fotógrafos. Mi poemas, en general, son gráficos. Estoy buscando todo el tiempo un grano visual, una fotografía en mi mente, si se puede decir algo así. El trabajaba en blanco y negro. Son los colores de la memoria y de los sueños. Pudiera decirse que esos recuerdos son como sueños, que mi vida se ha convertido en un sueño. Tengo que confesar que me da una enorme satisfacción personal cuando termino un poema que considero un logro o un éxito. Nuestras vidas son breves, pero la poesía vive para siempre. Es nuestro regalo a las generaciones venideras:


Palabras

No sé si creer
pero es tentador.

Hace 2012 años
Horacio dijo
que sus poemas
durarían
más que el latón.

Shakespeare dijo
que ni el mármol,
ni los monumentos dorados
de los príncipes
sobrevivirían
su rima poderosa.

Mis palabras
parecen desvanecerse en el aire
pero me gustaría
creer en lo que dicen.

Poemas a la Patagonia, edición aumentada, Madrid, 2009.


Eres un poeta de dos continentes, ¿cómo es la recepción de tu obra en el público europeo y el público latinoamericano?
Es una pregunta para los críticos, pero a mí me parece que el público latinoamericano recibe mi obra calurosamente. El público europeo, los que me leen, la recibe con interés. En Inglaterra no sé. Algunos dicen que les gusta. Hay que tener en cuenta que mi formación es curiosa. Mi interés por la poesía latinoamericana me pone en una categoría que es difícil de clasificar. Me inspira la idea de una nueva cultura internacional. La tomé de Larrea.

¿Consideras que en Europa la poesía de los nuevos valores es poco difundida?
Esta pregunta es interesante y tengo que tener cuidado con mi respuesta. No quiero ofender a mis compatriotas. Podría escribir páginas y páginas sobre el tema. Hay que tener en cuenta que Inglaterra perdió su imperio recientemente y en circunstancias distintas a la experiencia de España. El cristianismo perdía sus fuerzas o su energía. Los que mandaban tomaron una decisión que los nuevos curas en la empresa iban a ser los escritores. No me gusta nada el tono grandilocuente de esa o de esas generaciones de poetas. Se consideran, inconscientemente tal vez, casi los sacerdotes del imperio. En vez de la Biblia, denles la literatura inglesa para civilizarlos, se decía. ¿Qué dices? Tiene un olor que repugna.


¿Cómo ves el panorama de la literatura de América Latina en Europa?
Esta pregunta es dificil. En mi opinión tiene un rol importante. Puede ayudarnos a perder los restos de esos valores falsos coloniales. Puede ayudarnos a ver las cosas más claramente y más humildemente. Sé que hablo demasiado de Larrea pero él siempre decía que el español sería la lengua del futuro, no el inglés, y Latinoamérica iba a subir para tomar su sitio importante, el liderazgo, si quieres. En los setenta rechacé esas ideas de Larrea y se lo dije. El insistía, yo decía que no, etc. Pero cuando murió, en 1985, sus ideas entraron más. Si él tenía razón, creo que el interés en la literatura latinoamericana crecerá. Han tenido el boom de la novela.

Qué aconsejarías al que quiere iniciarse en la poesía, en la práctica o la lectura.
En la práctica. Hay que empezar con la práctica. Hay que escribir lo que siente. Los jóvenes son sinceros. Luego pueden leer este poeta y ése. Es que hay tanto bagaje ideológico que no tiene relevancia para los chicos más jóvenes. Más tarde, cuando puedan resistirlo, pueden leer los poetas de las otras épocas.


lunes, 6 de julio de 2009

Hugo Izarra:"La poesía es todo lo que no nos enseñan los libros de texto"

Lya Ayala
GLF

Hugo Izarra es poeta, narrador y periodista, nació en Vigo, España, en 1980. El trabajo literario de Hugo muestra interesantes matices entre la agitada cotidianidad y la necesidad del ser humano por encontrar una identidad en medio del caos mundial. Inquisitivo observador de su entorno, Hugo, vuelve los detalles de la simple vida cotidiana en detalles sobresalientes y brillantes. Una propuesta sumamente interesante que les invitamos a explorar.

—¿Podrías describir cuál fue el momento en que empezaste a escribir? ¿Qué o quién desató ese momento?
—Claro que puedo. Era mucho más joven, vivía en Madrid. Dormía poco por las noches y no porque tuviese una vida social muy agitada. Cayó en mis manos, un poco por azar, «Mortal y rosa», de Francisco Umbral. Me removió por dentro. Me hizo pensar que yo también tenía cosas que decir. Y a raíz de aquel impacto comencé a pergeñar la idea de una novela en primera persona, «Morir en noviembre», que jamás llegué a acabar. Si alguien tiene la culpa de que yo empezase a escribir, debo decir que fue él y no otro.

—¿Qué es poesía para ti?
—Creo haber escrito algún poema sobre eso, si mi pobre memoria no me traiciona. La poesía es todo lo que no nos enseñan los libros de texto. Va más allá de la métrica y de la música. No entiende de esquemas ni de rimas. Y, desde luego, es mucho más que escribir, como piensa la mayoría. La poesía es una actitud vital. Hay poetas que lo son sin saberlo, sin haber escrito un solo verso en toda su vida.

—¿Crees acaso que la poesía se puede encontrar fuera de la literatura?
—Por supuesto, toda la poesía se encuentra fuera de la literatura. Todo, en realidad. La literatura no es más que la herramienta de interpretación de nuestra percepción. Intentamos describir lo que vivimos o lo que nos gustaría haber vivido de la mejor manera que no es dada conocer. Pero todo es vulgar y cotidiano, está en la calle.

—¿Qué harías si no fueras escritor?
—Haría feliz a mucha gente. El mundo no necesita otro escritor mediocre. Ahora bien, no tengo muy claro qué haría. Nunca me ha gustado trabajar, así que supongo que me entregaría a la mendicidad plácidamente.

—¿Cómo describirías tu rutina de trabajo? ¿Hay disciplina?
—Por lo mismo que acabo de explicarte, mi rutina de trabajo es inexistente, cero. Soy el paradigma vivo de la inconstancia, la indisciplina y la indolencia. Me gusta escribir, por eso lo hago. Pero no lo veo como un trabajo. Un trabajo requiere esfuerzo, implica hacer muchas veces cosas que no te gustan, y nada de lo que escribo me supone un sacrificio especial, ni tampoco me siento obligado a hacerlo. Otra cosa es escribir por encargo, que es igual que prostituirse intelectualmente.

—¿Dónde te gusta escribir? ¿Sigues algún ritual especial o lo haces dónde te agarra de urgencia?
—Porque me distraigo con mucha facilidad siempre he preferido para escribir la noche, la soledad y el silencio. Admiro a las personas que son capaces de crear en el metro, en medio del bullicio de una cafetería o en el trabajo, rodeados de gente. Yo no lo consigo. Me distrae el murmullo de la radio, el ruido de unas tijeras cortando papel o el zumbido de un mosquito que aterriza en la pantalla. He llegado a escribir en sitios bastante curiosos, desde la cama de un hospital hasta la ducha. Lo he hecho incluso circulando por la autopista, cuando me asalta la necesidad de salvar uno de esos pocos versos decentes que a veces se me ocurren. Tengo una memoria desastrosa.

—Dinos quiénes han tenido influencia en tu trabajo literario.
—He tenido demasiado tiempo para leer, así que debo reconocer que han sido muchos, pero es verdad que algunas lecturas te marcan más que otras. Recuerdo que empecé idolatrando a Bukowski, desmedidamente, como buen adolescente. Hank me llevó a conocer a John Fante, que es un prodigio universal de la literatura. También me cautiva el estilo aparentemente sencillo pero demoledor de Kurt Vonnegut Jr., y, más recientemente, los de Roberto Bolaño, Chuck Palahniuk o Michel Houllebecq.

—¿Por cuál tipo de literatura se inclinan los españoles, qué les gusta leer?
—No soy muy partidario de generalizar, pero, si nos fiamos de las cifras que manejan las librerías, es bastante evidente que hay muchos españoles que, al igual que muchos italianos, franceses o luxemburgueses, consumen lo que ven en los escaparates. Los respeto, pero procuro pensar poco en ese tipo de lectores. Me seduce más ese porcentaje escaso y necesario que profundiza y escoge sus libros igual que se eligen los buenos vinos, con tiempo y dedicación.

—Danos un panorama de la literatura latinoamericana en España, ¿cómo ve España a los escritores y la literatura de América Latina?
—Es difícil calibrar la opinión de tantas personas sobre una cuestión tan abstracta. No tengo un observatorio, ni he realizado ninguna encuesta, ni me he interesado por saber qué opinan los demás al respecto. Si sirve de algo, creo que el panorama literario latinoamericano es envidiable. Goza de buena salud y de un pasado más que lustroso.



—Cuéntanos tus temas favoritos y por qué escribes acerca de ellos.
—A medida que el volumen de obra ha ido aumentando me he dado cuenta de que tengo una fijación malsana por la muerte y sus consecuencias. No es que me obsesione lo que pueda haber después, sino lo que se deja aquí. Creo que soy demasiado egoísta como para imaginarme esta película sin mí. También el sexo, en muchos momentos, porque me parece la manifestación más cómica del ser humano. Diría que esos dos son los pilares fundamentales de cuanto he escrito hasta la fecha.

—Y encuentro mucho sarcasmo, cierto humor negro y denuncia de la sociedad actual en tus versos, eres de alguna manera un poeta que cuenta cosas de su realidad amargamente.
—Sí. Puede que haya un poco de eso también. Por lo general, no me gusta demasiado la gente. Tampoco me gusta el mundo en el que vivo. Pero no soy un idealista, no voy a hacer nada por que cambie. Decía Tolstoi que todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo. Yo intento ser una persona decente, y creo que con eso estoy haciendo bastante más que la media. Ya lo sé, suena amargado.

—¿Y no reconoces en tu poesía ciertos signos de exteriorismo?
—De exhibicionismo deliberado, sí. Procuro que parezca que muestro más de lo que en realidad estoy mostrando. Hay un componente importante de ficción, de creación, que parte, como es natural, de experiencias personales. Pero me guardo para mí muchísimas cosas. Lo contrario sería igual que confundir el erotismo de la pornografía.

—¿Cuáles son tu libro y tu película favoritos? ¿Por qué?
–Sería imposible contestar a esta pregunta sin cometer trescientas injusticias al mismo tiempo. La elección de un solo favorito es algo que se me resiste sobremanera. Pienso que nuestros gustos evolucionan a la misma velocidad que nosotros. Así que diré dos títulos de forma bastante aleatoria que en absoluto representan ningún primer puesto permanente. Por ejemplo, «La senda del perdedor», de Charles Bukowski, y «This is England», de Shane Meadows. Curiosamente, las dos historias hablan del mismo proceso, de la forja de la identidad moral del ser humano. Es coincidencia.

—Los escritores siempre tenemos un punto de referencia, un autor o artista al que recurrimos con frecuencia, cómo fue el momento cuando encontraste a tu autor.
—Procuro evitar en lo posible recurrir a cualquier suerte de referencia porque soy un lector esponja. Cuando empiezo a leer a un autor, mimetizo su estilo, o mejor dicho, comienzo a imitarlo inconscientemente. Sus giros, la longitud de sus frases, los ambientes. Por eso, a la hora de sumergirme en el proceso creativo prefiero hacerlo sin ramas a las que agarrarme. Acabaría siendo otra rama más.

—Descríbenos un día en tu vida, qué es lo primero que haces al levantarte y lo último al acostarte, aparte de cepillarte los dientes, claro.
—Resumirlo sería algo bastante ridículo. Mis actividades son muy prosaicas. No siento que haga nada distinto al resto. Lo primero que hago al levantarme es maldecir al mundo y al inventor del despertador, me ducho, compruebo que no me dejo las llaves del coche y me voy a trabajar. Antes de dormirme siempre me gusta leer un poco. Con algo de suerte, escribo. Eso me ayuda a sentir que mi día no ha sido una completa pérdida de tiempo.

—Descríbete en un verso.
—En uno, no. En dos, de Roberto Bolaño: «Se escribió a sí mismo como un dardo en la frente del invierno».

Selección de poemas del autor Hugo Izarra.

Leves y etéreos

Vaciamos de colillas los ceniceros,
uno por uno, los despojamos de muerte.
Le digo: creo que estamos fumando demasiado
últimamente.

Tienes razón, me responde
llevándose a la boca otro cigarro.
Estamos fumando demasiado
últimamente.

No hará ni un mes que nuestra madrina
nos dejó para siempre, se convirtió en
polvo gris, igual que el rastro que da
sentido a nuestros ceniceros.

Creímos que su sobrina era buena,
pero corrió a vaciar su casa, vino desde
muy lejos para llevarse su abrigo de visón.

Echó los objetos de valor en una bolsa
y se despidió de su viudo para siempre.
Hizo con sus recuerdos lo que nosotros
hacemos con las colillas.

¿Sabes? —le digo—. Un hombre me ha dicho
hoy en la librería que mis argumentos
poéticos eran leves y etéreos.

Tiene razón, me dice
echándome el humo a la cara.
Tus argumentos lo son.



Baile estático

Como si esto no fuera suficiente,
el hombre sordo, despojado ahora
de su único audífono, se sintió
inevitablemente inundado de silencio,
había perdido la música y las voces,
pero había encontrado algo mejor.
Reconoció el sonido de la muerte
y se sentó, despacio, a disfrutarlo.



Brookdale Park, 1964

Ya lo sé, sí,
pero, entonces,
había tanta niebla
que era hasta difícil
encontrarse la nariz
sin ayuda de las manos.

Y, sin embargo, ellos,
una pareja de osados
amantes irresponsables,
desafiando a la niebla,
ya ves, junto a los árboles.

Ella, no sé, no tendría
más de catorce, pero
tenía una voz de un
hombre de cuarenta,
grave y algo arrogante.

Era ella quien hablaba.
Le decía a él: Tú tienes
dos y yo tengo uno. Tú
tienes dos y todo el mundo
tiene derecho a saberlo.

Aminoré la marcha, pero
sus reproches acababan
allí, en aquel punto.

Y aún sin saber bien de qué hablaba,
le di la razón a aquella chica.
Porque yo intenté algo parecido
alguna vez, protestar
por lo que creía justo,
supongo.



Domine mundi

A qué ese afán de
domesticarlo todo,
de dominar a las especies,
de domar al lobo y al león,
de enderezar al perro,
de aburguesar al gato.

A qué tanto interés
por hacer hablar a las urracas
y saltar a los delfines, por ver
a los osos montar, ridículos,
en monociclo, por amaestrar
al paciente tigre de Bengala.

Qué insólito complejo milenario
empuja al hombre a civilizarlo todo
por la fuerza; a construir zoológicos,
circos, jaulas y mataderos. A demostrar
su dominio apabullante sobre las cosas
de forma tan poco civilizada.



El amor es crueldad accidental

Pido perdón a los mosquitos
que murieron estrellados
contra el cristal de
mi parabrisas,
y a las mujeres que
me amaron, y yo amé,
en mayor o menor medida.




Fotografías: cortesía del autor.


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