Mario Benedetti
Uruguay
La noche en que colocan a Osvaldo (tres años recién cumplidos) por primera vez frente a un televisor (se exhibe un drama británico de hondas resonancias), queda hipnotizado, la boca entreabierta, los ojos redondos de estupor.
La madre lo ve tan entregado al sortilegio de las imágenes que se va tranquilamente a la cocina. Allí, mientras friega ollas y sartenes, se olvida del niño. Horas más tarde se acuerda, pero piensa: "Se habrá dormido". Se seca las manos y va a buscarlo al living.
La pantalla está vacía, pero Osvaldo se mantiene en la misma postura y con igual mirda extática.
"VAmos. A dormir", conmina la madre.
"No", dice Osvaldo con determinación.
"Ah, no. ¿Se puede saber por qué?"
"Estoy esperando"
"¿A quién?
"A ella".
Y señaló el televisor.
"Ah. ¿Quién es ella?"
"Ella".
Y Osvaldo vuelve a señalar la pantalla. Luego sonrié, candoroso, esperanzado,exultante.
"Me dijo: querido".
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martes, 15 de julio de 2008
domingo, 22 de junio de 2008
Caballo imaginando a Dios

Augusto Monterroso
Guatemala
"A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el caballo.
Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los Caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete."
FIN
Guatemala
"A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el caballo.
Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los Caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete."
FIN
lunes, 2 de junio de 2008
El broche de oro

Mauricio Orellana Suárez
Al día siguiente de sufrir el aborto, Magali se lució en la cocina, según dijo "para cerrar con broche de oro" la reconciliación con su novio.
Todo estuvo exquisito: la carne, el arroz, la ensalada, el vino... y ese extraño y delicioso postre.
La plática de sobremesa giró alrededor de la magistral obra de Goya, específicamente del famoso cuadro aquel: Saturno devorando a uno de sus hijos.
martes, 15 de abril de 2008
AL FINAL DEL OCEANO

Por Gabriel Alvarado
El Salvador
Miembro del taller de literatura de la UEES
Al final del océano, donde todo muere, aves enormes y blancas suben las cataratas, existe aquí un gigante blanco, terror de los esquimales. Más de alguno lo ha confundido con un oso polar monstruoso. Pero es un ser milenario, el vigilante atlante del Polo Norte. De entre las monumentales cataratas recoge a los desdichados aventureros que vislumbran su reino y con un afecto de hermano mayor, los toma delicadamente entre sus enormes garras, y los conduce en un transe hipnótico hasta su pirámide de hielo, donde los alimenta y los protege como a un rebaño de niños, les cuenta historias y los instruye en secretos, hasta que tiene hambre y se los come.
Al final del océano, donde todo muere, aves enormes y blancas suben las cataratas, existe aquí un gigante blanco, terror de los esquimales. Más de alguno lo ha confundido con un oso polar monstruoso. Pero es un ser milenario, el vigilante atlante del Polo Norte. De entre las monumentales cataratas recoge a los desdichados aventureros que vislumbran su reino y con un afecto de hermano mayor, los toma delicadamente entre sus enormes garras, y los conduce en un transe hipnótico hasta su pirámide de hielo, donde los alimenta y los protege como a un rebaño de niños, les cuenta historias y los instruye en secretos, hasta que tiene hambre y se los come.
domingo, 20 de enero de 2008
Las manos

Nadie tenía las manos tan grandes como Jairo. Algunas personas creían que las había heredado de un gigante, otros afirmaban que eran así porque era un campesino. jairo jamás fue al campo, jamás hizo algo importante, ni era descendiente de gigantes, sin embargo tenía las manos tan grandes que la gente, abarrotada al rededor de su cadáver, no podía dejar de verlas.
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