sábado, 31 de enero de 2009

¿Qué es un Poeta?


Es escribir escenas por medio de versos, es exteriorizar nuestros pensamientos, es rendir tributo a lo trivial de la vida, una vaca pastando, mariposas entre los trigales, calles desoladas, un beso furtivo, problemas sociales… Poeta es ser testigo, de lo vivido, es fuerza de cambio, es desahogo, puede ser victoria, puedo ser lujo, puede enaltecer, y nunca vaciar el cuerpo que lo expresa.
Creado en verso y en prosa, emisarios de la poesía vitalicia, la poesía inmortal, que se impregna en cualquier página para poder trascender entre el tiempo, para militar en horas futuras.
Le llamaremos poeta: Al valiente, al disciplinado, al tenaz, aquel que hace florecer versos, el atento que se inmiscuye en los días, al amante de creación, al docto, que hace enaltecer las obras de la naturaleza. Quien transmitirá enseñanza cuando lo amerite.
Le llamaremos poeta: Al que se divide, al curioso, que de dictar lo biográfico pasa a lo aislado, con el subjetivismo necesario, que le abre paso a las imágenes, al inventivo, al capaz. Poeta es el que comunica por medio de la misma literatura, poniendo en relieve esa esencia única, que se le ha adjudicado.


Ser poeta implica tener libre opinión, es ser crítico y criticado, es rozar la pureza de la sinceridad, es escribir en cualquier momento estrofas que lo ameriten, poeta es sinónimo de inspiración, y antónimo de maldad.
Representante de la poesía, de la poética de sus características, de sus beldades que le dan paso a la grata imaginación de momentos indelebles, eso será poeta. Un testigo del pueblo.
Wilfredo Arriola

viernes, 2 de enero de 2009

LITERATURA SALVADOREÑA

Miguel Ángel Chinchilla
El Salvador

Recientemente he terminado de leer el libro LITERATURA SALVADOREÑA 1960 – 2000 HOMENAJE, un texto de 429 páginas, de los autores Jorge Vargas Méndez y J.A. Morasán (Jorge Alberto Morales Sánchez), editado en 2008 por Ediciones Venado del Bosque.
Más que un trabajo interesante como dice José Roberto Cea, me parece un trabajo importante, un buen referente sobre los autores y autoras de los últimos 40 años de literatura en El Salvador.
Se trata de un libro para profesores de lenguaje, estudiantes de letras, escritoras y escritores, interesados en el devenir de la historia literaria en nuestro país. El presente texto viene a sumarse a otros similares como el de Juan Felipe Toruño y Luis Gallegos Valdés, para mencionar dos de los más importantes.
Un excelente aporte que incluye a centenares de nombres, muchos de los cuales según el Pichón Cea (en algo que estoy totalmente de acuerdo), “no han tenido y otros no tendrán ninguna trascendencia en y por su labor creadora “. No obstante se siente la solidez de la investigación a través del método histórico que va ubicando las diferentes décadas y los grupos literarios en su contexto respectivo, el cual se explica al inicio de cada época. Aunque hay momentos sobre todo al final en que la compilación se torna más un tarjetero o directorio de nombres.
Comienza el libro abordando por encima la labor literaria del grupo Piedra y Siglo, por encima digo ya que por ejemplo en contraste con la generación anterior conocida como Comprometida, los escritores de este grupo dejan de expresarse en la variedad de géneros para refugiarse exclusivamente en el género poético, exceptuando el caso de Ricardo Castrorrivas quien también incursiona en la narrativa. Esa característica de los Piedra y Siglo en una coyuntura se puede decir de preguerra, sería importante reflexionarla para realizar una valoración más ponderada sobre el quehacer de estos escritores en aquellos años.
El homenaje que se alude en el título del libro se refiere a 14 autores y 3 autoras fallecidos, acerca de los cuales la carga subjetiva (casi melancólica) se inclina por los jóvenes poetas que en la guerra civil cayeron en combate y que formaban parte del grupo Xibalba, ya que no habiendo valoración literaria sobre su obra se carga más la balanza de la camaradería ideológica, lo cual por supuesto es totalmente legítimo en este tipo de publicación.
Una sugerencia para la segunda edición sería incluir un índice onomástico con la finalidad de facilitarle el trabajo al lector.
Enhorabuena entonces a Méndez y Morasán por este valioso aporte al estudio de la literatura salvadoreña, sólo quien no haya experimentado el maravilloso prurito de la investigación, desestimará el trabajo de hormiga que significa un trabajo como este. Mi mejor deseo es que la gente lo lea, lo disfrute y lo aproveche en toda su dimensión como otros y yo lo hemos hecho ¡Abur!

domingo, 30 de noviembre de 2008

La historia le dará su lugar a Nelson Brizuela

(Foto: Nelson Brizuela, a la espera de un poema)


por Mauricio Vallejo Márquez
Es verdad que la guerra nos arrebató a grandes hombres y mujeres. Entre ellos muchos artistas que dejaron casi toda su obra en alguna pluma o en sus mentes. Algunos pudieron legarnos hermosos versos que se mantienen ocultos a falta de buenas políticas editoriales, ese es el caso de Nelson Brizuela.

Brizuela fue miembro de la Cebolla Púrpura junto a Jaime Suárez Quemaìn, Mauricio Vallejo (padre), Rigoberto Góngora y otros que con sus plumas sagaces no sólo parieron hermosos versos o prosas, sino también mordaces comentarios, sentidas opiniones acerca de las injusticias que se veían a diario en nuestro pequeño El Salvador tan lleno de odios e ignorancia.

Nelson Brizuela nació el 24 de julio de 1955 en San Salvador, donde creció a lado de sus padres Lidia Erazo de Brizuela y Miguel Angel Brizuela (Q.E.D.). Desde muy joven demostró su intensa vena poética y musical, además de ser un excelente estudiante que brillo siempre por sus notables calificaciones, sobre todo en la Escuela Joaquín Rodezno. Como todo amante del arte, Brizuela ahorró hasta que pudo comprarse su primera guitarra y con tenacidad aprendió solo a tocar su instrumento y pasaba las horas entre cuerdas y voces, versos y metáforas.
Fue en esos años en los que estudió secundaria en el Instituto General Francisco Menéndez y con el desinteresado apoyo de la maestra doña Lilián Colato de Aguilar, que junto a los poetas Antonio Rodríguez, Mario Noel Rodríguez y Adolfo Castaneda publica sus primeros versos dentro del poemario "Nuevos Poemas" publicado en Octubre de 1973. Allí comienza su vida de publicaciones.
Curiosamente Brizuela no se decidió a estudiar una carrera relacionada con la literatura, sino todo lo contrario y en 1973 se graduó como contador público del Instituto Miguel de Cervantes.
Poco tiempo después ingresó a la Universidad de El Salvador, en la cual estudió Economía. Lamentablemente no pudo concluir esa carrera debido a las responsabilidades familiares que como buen hombre de familia cumplió hasta donde pudo.
Mientras se desenvolvía con los números, Brizuela fue ganador de los juegos florales de Zacatecoluca en una ocasión. Y más tarde su trabajo literario fue publicado en la antología poética La Margarita Emocionante publicada por la Editorial Universitaria en 1979.
Al llegar 1980 la vida del poeta dejó de ser igual y la muerte de Jaime Suárez Quemaìn afectó su vida. El 30 de agosto de ese mismo año y con el corazón en la mano decide asiliarse en Nicaragua, donde la bohemia fue su amiga inseparable. Pero, no olvida su país y en sus escritos siempre está presente:
"En sus escritos revela sus interminables noches (en los cafés) de Bella Napoles, de Lutecia, de Alcázar, de las calles de San Salvador, de su Barrio Belén, de sus padres y hermanas, de la pobreza y del llanto, de la lluvia, de la injusticia y crueldad del gobierno en turno y también de la esperanza de un tiempo mejor", Afirma Beatriz Brizuela, hija del poeta.
El poeta siempre fue un conciliador y un "pan de Dios", como afirma Mario Noel Rodríguez, pero el 7 de agosto de 1990, víctima de un accidente cae de un autobús en Managua, perdiendo la vida.
Brizuela jamás imaginó que volvería a su natal San Salvador en un ataúd dejando sus escritos al resguardo de sus hijos y familiares que esperan que Nelson Brizuela ocupe el lugar que merece dentro de las letras nacionales, como un eslabón más de esa larga cadena de escritores salvadoreños que la historia había olvidad y hoy lo recuerda.

Extraido de http://vallejomarquez.blogspot.com

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Homenaje a Nelson Brizuela y Alfonso Hernández



por Mauricio Vallejo Márquez

La Generación Olvidada pronto tendrá otro nombre, uno que la misma historia literaria le de a estos escritores que murieron durante la guerra. Algunos los llaman los poetas guerrilleros, otros los denominan la Generación de guerra. Cualquiera que sea el nombre que quede al final de estos diversos escritores y escritoras que les arrebataron sus vidas en su plena primavera deben de ser recordados como lo que son: un eslabón más en la gran cadena de la literatura salvadoreña.

Como parte del proyecto Rescatando una voz del silencio la Juventud en Pro de las Artes Contemporáneas (JAC), el taller de Literatura de la Universidad Evangélica de El Salvador (TLUEES) y el Foro Permanente de Escritores de El salvador (FOES) le brindarán un merecido homenaje a los poetas: Nelson Brizuela y Alfonso Hernández.

El homenaje consiste en un conversatorio en el que familiares y amigos de los poetas expondrán anécdotas de estos personajes. También se presentará un vídeo de los escritores y se leerá material poético de los homenajeados y de escritores invitados.

sábado, 4 de octubre de 2008

Hilda y el viento


Por Mauricio Vallejo Márquez

El Salvador


El viento puede moverse con lentitud y suavidad, a veces también puede ser calmo y casi imperceptible, otras tantas puede ser violento. Sin embargo no importa lo que haga y como sea siempre será imperceptible a los ojos, pero nunca a los sentidos, al mundo, al agua y al polvo. Así es la poesía de Hilda Flores.

Hilda no es novata en el mundo de las letras, pero con humildad se va abriendo paso en un mundo de literatos modernos que desprecian la preceptiva a cambio de la fama efímera. En cambio Hilda es una poeta con una increíble sensibilidad que conmueve. Pocas veces un poema me ha llenado de esa sensación que dan los verdaderos poetas como Luis Cardoza y Aragón, Jorge Luis Borges, César Vallejo, Hugo Lindo, Pablo Neruda, Jorge Enrique Adoum y otros. Sin embargo Hilda lo ha logrado con algunos versos como los publicados en http://es-poesía.com/ , donde podemos apreciar un material digno de cualquier antología.

el nombre completo de la poeta es Hilda Concepción Henríquez de Flores, ella nació en San Salvador el dos de julio de 1942 y jugó cuando niña en lo que ahora es la Universidad de El Salvador, justo frente a lo que ahora es la facultad de Medicina. Hilda cuenta con total ecuanimidad que aún se encuentra en ese lugar el árbol en cuya sombra jugo casi toda su niñez.
Además de poeta es profesora graduada de las Escuelas Normales y durante 30 años se encargó de formar jóvenes.

Hilda no es inédita, en el 2000 publicó “La Ventana Encantada” y esperamos que en el futuro podamos apreciar muchas más obras de ella. Mientras les presento un par de sus poemas:


POEMAS DE LA NOSTALGIA


POEMA 1

Se me acerca en el viento
la soledad del pájaro perdido,
el desamparo de la flor marchita,
la noche que no cesa.

Y mi alma en su desvelo frío
quisiera desatar el nudo que la abraza.
Tanto dolor no quiere de la rosa,
anhela la redención del beso.




POEMA 2

Viene como una mano que sofoca todo.
Comprime el aire y la belleza,
destroza la armonía del silencio.
Penetra en mí el pálido acento
de las palabras muertas.
Una raíz sin rostro
me lleva hasta el rocío,
juntas lloramos
por un dolor desconocido.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Virtualidades de la obra de Roque Dalton


Luis Alvarenga

El Salvador

Es evidente que la obra de Roque Dalton se caracteriza por ser compleja. Posee unas virtualidades que aún no han sido exploradas por la crítica. Ésta ha partido de las presuntas contradicciones que caracterizarína esa obra: militancia y vocación poética, cosmopolitismo y localismo, ortodoxia y heterodoxia ideológica y poema y panfleto. A partir de esas presuntas contradicciones, ha sido usual escoger uno de los polos enfrentados y de ahí ensayar una lectura que pretendería rescatar lo «esencial» de la obra daltoniana. Así, por ejemplo, aquella crítica que privilegia aquella parte de esa obra que expresa de manera inmediata los ideales de transformación social del autor, de alguna manera optan por excluir del análisis aquellos textos que cubren otras preocupaciones vitales del poeta. Por otro lado, la crítica que ve en el Dalton como un hombre escindido entre su militancia revolucionaria y su innegable vocación poética, consideran tácitamente que lo esencial del escritor residirá en aquellos textos de mayor calidad poética.

Ambas visiones son parciales. Ciertamente, en Dalton había tensiones de carácter político, estético y existencial —su biografía lo confirma—. Pero eso no justifica que libros tan disímiles en calidad y en intención como El mar y Las historias prohibidas del Pulgarcito sean manifestaciones de un yo literario esquizofrénico. La totalidad de la obra de Dalton —que abarca el ensayo, la crítica literaria y el análisis político— es muestra de una preocupación intelectual por dar cuenta de la realidad. El ideal raigal en el autor de Los pequeños infiernos es el de hacer de la poesía una forma de vida. Por ello, reiteradas veces, biografía y creación se entrecruzan en Dalton. Hacer de la poesía una forma de vivir plantea el desafío de buscar una visión poética de la realidad, una metafísica poética de la realidad. Pero no es solamente un ejercicio intelectivo: en Dalton hay una marcada opción ética por la liberación de las mayorías populares. Por lo tanto, la articulación poética de una visión de realidad está en función de esa liberación.

Este es un punto donde mucha de la crítica suele hallar un escollo. Suele entenderse liberación en un sentido político muy limitado. En Dalton, esa liberación será proyecto político, pero también una liberación vital y poética. Vital, en tanto la actitud de Dalton hacia la vida será la de la búsqueda de plenitud, de una vida auténtica. Poética, porque comprenderá que todo intento de liberación será limitado si el lenguaje no está emancipado de esquemas opresivos. En el poema en prosa Con palabras hará un interesante planteamiento al respecto. Pero también es una liberación poética, porque asumir su condición de poeta llevará a Dalton a entregarse a la utopía revolucionaria. Eso es patente en toda su obra.

La obra de Dalton también es rica en problematizaciones sobre distintos aspectos de la realidad, que no solamente abarcan lo político. El libro Los hongos, dedicado al poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, plantea la religión como problema. Y su planteamiento dista de ser la fácil respuesta de la escolástica marxista leninista al uso. En su enfoque sobre la religión, el Dalton de Los hongos desplegará, más que soluciones, desafíos, articulados a base de ironía, episodios autobiográficos, referencias históricas o teóricas —desde Nietzsche a Merleau-Ponty— y un lenguaje complejamente tratado.
El camino está, pues, abierto. Toda crítica que quiera acercarse a las múltiples virtualidades de la obra de Dalton deberá hacer un esfuerzo por partir de una visión estructural y no parcial, compleja y no escindida, de esa obra. De esta manera podremos nutrir nuestro pensamiento del valioso legado de uno de los más grandes poetas salvadoreños.